jueves, 28 de julio de 2011

La importancia de la devoción en la Primera Comunión - Los "Por qué" de la catequesis

Muchas veces me preguntan por qué no permito sacar fotos durante la Misa de las primeras comuniones. Y la respuesta es bastante concreta: no debemos distraer a los niños mientras van a recibir a Jesús Sacramentado. Claro que es una respuesta lógica, pero detrás de ella hay una verdad doctrinal muy importante ligada al fruto espiritual del sacramento.

Debemos recordar que todo sacramento produce dos tipos de fruto: el que depende sólo del mismo sacramento y el que depende de la disposición que tenga quien lo recibe. Siempre que recibimos la comunión recibimos toda la gracia que el sacramento produce de suyo. Y así sucede con cada uno de los demás sacramentos. Aún una comunión recibida mecánicamente producirá en quien la recibe ese fruto “ex opere operato”.

Por el contrario, quien no prepara su espíritu para recibir un sacramento, aunque siempre podrá recibir el fruto “ex opere operato”, perderá buena parte sino la totalidad del fruto “ex opere operantis”, es decir aquel fruto que se recibe sólo si se está verdaderamente dispuesto.

La preparación que hacemos en la catequesis no es solamente doctrinal. Nuestro objetivo es acercar a los catequizandos a Dios, ayudarles a crecer en la fe, a tener un encuentro personal con Cristo. Si hemos cumplido con esa misión, al llegar el día de la primera comunión, nuestros pequeños estarán con toda la disposición espiritual para acoger a Jesús Sacramentado. Nuestra tarea como catequistas será cuidar esa disposición, esa devoción que se ha ido cultivando en el corazón de cada catequizando. Si la ceremonia se transforma en una “fiesta de pueblo”, llena de barullo, gente que no sabe ni donde está, fotógrafos por doquier, compitiendo unos con otros para ver quien logra sacar la foto en el momento que el niño saca la lengua … habremos perdido mucho de lo cultivado hasta entonces.

Me pregunto de qué servirá entonces tener la bendita foto del momento en que el niño recibió la Eucaristía por primera vez, si el precio fue hacerle perder el fruto espiritual que con tanto empeño se había procurado que ganara. No creo que valga la pena.

Padre, padrinos y catequistas tenemos el deber de acompañar a quienes se acercan a recibir un sacramento con nuestra oración y nuestro testimonio. Será así que le ayudaremos a ganar todas las gracias que Dios le quiera regalar. Hagamos de cada celebración un encuentro con Dios y habremos hecho el mejor de los bienes a nuestros catequizandos.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

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