miércoles, 3 de abril de 2013

¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN A TODOS!. Carlos Valles SJ


Yo tenía un gran amigo en la India que era un buen poeta y me solía leer a mí sus versos antes de publicarlos. Se llamaba KarsandásManek. Hoy lo he recordado al ver entre mis estantes el libro que me dedicó con la colección de sus mejores poesías. Él mismo me decía que el poema suyo que había resultado más popular y que todo el mundo en el Guyarat se sabía de memoria era el que comenzaba:
“Yo me quejo, Creador,
tus caprichos me confunden.
En tu mar flotan las piedras
mientras las flores se hunden.”
Es decir, que la gente siempre está quejándose de Dios que hace o permite que los malos lo pasen bien en este mundo mientras deja que los buenos sufran. Las flores se hunden. Yo le contestaba a mi amigo que esa era también la queja que yo recibía más en mis tratos con personas espirituales y devotas. ¿Cómo permite Dios eso? Fulano es un sinvergüenza a todas luces, y a él le va en sus negocios mejor que a nadie en el pueblo, mientras que a mí, que voy todos los días a misa y rezo el rosario con mi familia, todo me sale mal y apenas tengo para seguir adelante.
Mi tía Julieta, que propiamente hablando era tía de mi padre y tía abuela mía, tuvo una enfermedad larga y bastante penosa al final de su vida, y muchos días iba a visitarla y llevarle la comunión el párroco de San Lorenzo en Huesca. La consolaba diciéndole con cariño: “Mire, doña Julieta, Dios le quiere tanto que ahora le envía estas pequeñas pruebas para que así sufriéndolas con paciencia tenga usted luego un lugar más alto en el cielo.” A lo que mi tía Julieta le contestaba con su acento inexorablemente baturro: “Pero don Amancio, ¡si en el cielo yo me conformo con un rinconcico!” Sabía mucha teología mi tía Julieta.
El mismo amigo de antes, que era hindú de religión, me contaba también que él estudió de joven en un colegio cristiano, y el profesor les pintaba un elefante en la pizarra como la representación del dios Ganesh que así lo veneran los hindúes, y les desafiaba insolentemente: “Venid a adorar a vuestro dios.” Lo recordaba sin amargura. Pero lo recordaba

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La Oracion.... desde el silencio

La abuela : ¿ya rezas tus oraciones cada noche? El nieto: "¡Por supuesto!" "¿Y por las mañanas?" "No. Durante ...