martes, 23 de julio de 2013

Necesitamos Santos. Papa Francisco

ME ENCANTO ESTÉ TEXTO Y LO COMPARTO CON TODOS USTEDES.






El papa Francisco acaba de recitar:"Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas.
Necesitamos santos que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos.
Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar y que sobresalgan en la Universidad.
Necesitamos santos que busquen tiempo cada dia para rezar y que sepan enamorar en la pureza y castidad, o que consagren su castidad.
Necesitamos santos modernos, santos del siglo XXI con una espiritualidad insertada en nuestro tiempo.
Necesitamos santos comprometidos con los pobres y los necesarios cambios sociales.
Necesitamos santos que vivan en el mundo, se santifiquen en el mundo y que no tengan miedo de vivir en el mundo.
Necesitamos santos que tomen Coca Cola y coman hot-dogs, que sean internautas, que escuchen iPod.
Necesitamos santos que amen la Eucaristía y que no tengan vergüenza de tomar una cerveza o comer pizza el fin de semana con los amigos.
Necesitamos santos a los que les guste el cine, el teatro, la música, la danza, el deporte.
Necesitamos santos sociables, abiertos, normales, amigos, alegres, compañeros.
Necesitamos santos que esten en el mundo y que sepan saborear las cosas puras y buenas del mundo, pero sin ser mundanos".Esos tenemos que ser nosotros!!!

lunes, 8 de julio de 2013

Enseñar a orar a los niños

Cuando nos ponemos a planificar el año de catequesis, creo que a todos nos pasa que nos faltan encuentros para poder cumplir con el programa que se nos plantea. A veces nos toca dedicarle menos tiempo del que hubiéramos deseado a temas que sabemos que son muy importantes, pero parece que el número de encuentros es demasiado limitado. Sin embargo hay algo que no podemos descuidar, porque el hacerlo empobrecería todo el proceso de educación en la fe y es enseñarles a orar.

Me imagino que a éstas alturas ya algunos se estarán comenzando a preocupar, reconociendo que la tarea es bastante ardua, mientras otros pensarán convencidos que con enseñarles las oraciones del cristiano, basta y sobra. A nosotros, catequistas, nos toca enseñarles a hablar con Jesús:
 
  «Son muchos los cristianos ¿qué digo?, todos los cristianos creen y saben que Jesucristo todo entero está vivo y real en la sagrada Hostia; pero yo me temo mucho que algunos no se han enterado todavía de que está allí con oídos y con boca... Digo esto porque sé de muchos cristianos que jamás en su vida se han puesto a hablar con Él y de otros que aunque le hablan, no lo escuchan... ¡Hermanos! ¿Os habéis figurado que Jesucristo en el Sagrario es sordo o mudo o las dos cosas?».
(Beato Manuel González, Obras Completas, 2717)

Claro que todo comienza con el catequista. A éstas alturas del partido me atrevería a preguntarles ¿oran ustedes hermanos catequistas? Porque si lo hacen sabrán que no es difícil enseñar a orar. Es cuestión de comenzar por reconocer que dentro del Sagrario está realmente uno que nos ama y que vive deseoso de nuestra compañía. El sólo hecho de estar frente a Él, dedicarle un tiempo sólo a estar con Él, es ya oración. Aunque sea sólo para dedicarle nuestras miradas. Si a ellas le agregamos nuestros pensamientos y unas frases de amor, la cosa irá todavía mejor. Eso repetido cada día y de ser posible a la misma hora, será el inicio de una vida interior que florecerá y fructificará con abundancia.
Eso es lo que hemos de enseñar a nuestros catequizandos. No podemos reducir nuestra catequesis a la sola transmisión del mensaje, dejando de lado la relación con el Verbo. Empecemos con llevar a esas almitas que se nos han confiado a los pies del Sagrario, al iniciar o al concluir el encuentro de catequesis (mejor en ambos momentos). Les garantizo que marcará la diferencia.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein

martes, 2 de julio de 2013

Salmo 1 Estudio bíblico para catequistas

Salmo 1
                         
                         
                            "¡Dichoso el hombre cuyo gozo es la ley del Señor!"
                         
                      
                            Tengo suerte, Señor, y lo sé. Tengo la suerte de  conocerte, de conocer tus caminos, tu voluntad, tu Ley. La vida tiene sentido  para mí, porque te conozco a ti, porque sé que este mundo difícil tiene una  razón de ser, que hay una mano cariñosa que me sostiene, un corazón amigo que piensa  en mí, y una presencia de eternidad día y noche dentro de mí. Conozco mi  camino, porque te conozco a ti, y tú eres el Camino. El pensar en eso me hace  caer en la cuenta de la suerte que tengo de conocerte y de vivir contigo.
                              Veo tal confusión a mi alrededor, Señor, tanta oscuridad  y tanta duda y tal desorientación en la vida de gentes con las que trato, y en  escritos que leo, que yo mismo a veces dudo y me confundo y me quedo ciego en  la oscuridad de un mundo que no ve. La gente habla de sus vidas sin rumbo, de  su falta de dirección, de seguridad, de certeza, de su sentirse a la deriva en  un viaje que no sabe de dónde viene ni a dónde va, del vacío en su vida, de las  sombras, de la nada. Todo eso me toca a mí de cerca, porque todo lo que sufre  un hombre o una mujer lo sufro yo con solidaridad fraterna en la familia de la  que tú eres Padre.
                              Mucha gente es en verdad “paja que arrebata el viento”,  colgados tristemente de los caprichos de la brisa, de las exigencias de una  sociedad competitiva, de las tormentas de sus propios deseos. Son incapaces de  dirigir su propio curso y definir sus propias vidas. Tal es la enfermedad del  hombre moderno y, según aprendo en tu Palabra, Señor, era también la enfermedad  del hombre en la antigüedad cuando se escribió el primer Salmo. También aprendo  allí el medio que es tu palabra, tu voluntad, tu ley. La fe en ti es lo que da  dirección y sentido y fuerza y firmeza. Solo tú puedes dar tranquilidad al  corazón del hombre, luz a su mente y dirección a sus pasos. Solo tú puedes dar  estabilidad en un mundo que se tambalea.
                              En ti encuentro las raíces que dan firmeza a mi vida. Tú  me haces sentirme como “un árbol plantado al borde de las aguas”. Siento la  corriente de tu gracia que me riega el alma y el cuerpo, hace florecer mi  capacidad de pensar y de amar y convierte mis deseos en fruto cuando llega la  estacón y el sol de tu presencia bendice los campos que tú mismo has sembrado.
                              Necesito seguridad, Señor, en medio de este mundo  amenazado en que vivo, y tu ley, que es tu voluntad y tu amor y tu presencia,  es mi seguridad. Te doy gracias, Señor, como el árbol se las da al agua y a la  tierra.
                            ¡Que nunca “se marchiten mis hojas”, Señor.
  

Meditation

Some stories from the book "Un Maestro Zen Llamado Cuervo" by Robert Aiken, Siruela, Madrid 2004, shortened.


 Disciple:  What is the Middle Way?
   Master:  That’s a good question.
   Disciple:  You’ve not answered my question.
   Master:  You’ve not heard my answer.
    Disciple:  Is there any special way to practice Zen?
      Master:  Many.
      Disciple:  How many?
      Master:  As many as there are beings you come across in your daily life, since all have  something to tell you.
    Disciple:  Why do disciples seek many masters?
      Master:  And why do masters seek many disciples?
    Disciple:  Is it important to have a Master?
      Master:  It is indispensable.
      Disciple:  Cannot that create problems?
      Master:  They are also indispensable.
    Disciple:  I only want a reasonable happiness. Can’t I be happy?
      Master:  Yes, if you stop asking for it.
    Disciple:  What can I do if I feel no compassion for my neighbour?
      Master:  You may act as if you were feeling it.
      Disciple:  That doesn’t look honest.
      Master:  But it can be the way to become honest.
    First  Master: Existence is the vacuum of the universe.
      Second  Master: What do you mean by that?
      First  Master: What do you mean by “what do you mean”?
      Second  Master: What do you mean by “what do you mean by ‘what do you mean”’?
      First  Master: What do you mean by “…’ … ‘…”?
    Disciple:  I get too nervous when I recite the Scriptures in public and I make mistakes.
      Master:  The mistakes are part of the recitation.

Cómo hacer feliz a una mujer


         
           Hoy he hecho feliz  a una mujer. No, no, es mucho más sencillo. Nada de complicaciones. Ha sido  así: Iba yo caminando solo por una calle en mi ciudad de Ahmedabad cuando me ha  saludado un conocido. Hacía años que no nos veíamos, me ha recordado que vivía  allí mismo, me ha invitado a entrar en su casa con la naturalidad hospitalaria  con que esa invitación se hace y se acepta en estas tierras. Hemos entrado  juntos. Al poco rato de  sentarnos y hablar, sale discretamente su mujer como tan bellamente lo hacen en  la India y, después de un saludo con las manos juntas, hace la pregunta que se  ha hecho en la India desde el comienzo de los tiempos: “¿Té o café?” La  respuesta correcta, también desde el comienzo de los tiempos, es “Té”. Y ella  desaparece a entregarse al ritual milenario.
            Al cabo de un rato  aparece con la bandeja en sus manos y, sobre ella, dos tazas de té ya  preparado. Me da la primera a mí, la otra a su marido, y se sienta enfrente  mientras vamos tomando la bebida. Bebemos en silencio y en sorbos breves, en  reverencia al rito doméstico. Le devuelvo la taza vacía, le devuelve su marido  la suya, y antes de que ella vuelva a la cocina con la bandeja es cuando hablo  yo. Ella se para, porque yo me dirijo a ella y le digo: “Cuando uno ha pasado  una temporada en el extranjero de país en país, como acabo de pasarla yo ahora,  y vuelve a la India como acabo de volver yo hace un par de días, cae uno en la  cuenta de lo bueno que es el té aquí y lo bien que lo preparan ustedes. Ustedes  no lo aprecían porque lo beben en casa todos los días, pero yo le digo que  acabo de beber la mejor taza de té de toda mi vida. Estaba delicioso.”
            A la mujer le  explotó la cara de alegría. No le cabía la sonrisa en la boca. Casi se le cae  la bandeja de las manos. No supo qué decir. No se lo esperaba. Había preparado  tantas tazas de té en su vida para tantos huéspedes en tantas visitas, y todas  iguales, y todas bebidas sin decir una palabra, sin proferir un cumplido, sin  casi dar las gracias porque se da por supuesto, y el té siempre es igual y  siempre bueno, pero siempre ignorado y siempre silenciado, que le sacudió las  entrañas el que por una vez de dijeran lo bueno de su bebida y lo perfecto de  su arte. Todas las tazas de té que había preparado en toda su vida como que se  unieron y se alegraron y se celebraron en la taza que había ganado el galardón  merecido del elogio oportuno. La humilde habitación de la sencilla casa se  transformó como por encanto de Cenicienta en aula de palacio y vivió toda su  historia condensada en aquel momento. Y todos sentimos el instante de magia.
            Ella se retiró con  la bandeja, y tardó un rato en volver a aparecer. Sospecho que se fue a  contárselo todo a sus vecinas y a celebrar con ellas el festejo. Volvió al fin,  y nos despedimos con cordialidad. Yo salí de su casa con la satisfacción de  haber hecho aquél día una obra buena. Había hecho feliz a una mujer. Es tan  sencillo…                         P. Carlos Valles SJ

Ante lo sucedido en Chile... Omar Mantilla

Es impresionante concer lo suedido en Chile, la renuncia de todos los obispos sin duda no es lo más mportante pero si nos marca y me da verg...