jueves, 11 de diciembre de 2014

Guadalupe....Juan Diego

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
Fiesta: 12 de diciembre


























Entre los primeros indígenas mexicanos bautizados por los misioneros franciscanos a principios del siglo XVI se encontraba Juan Diego, un sencillo hombre que iba todos los sábados a aprender la religión de Cristo y a la misa al pueblo de Tlatelolco.
El sábado 9 de diciembre de 1531, cuando Juan Diego pasaba por el cerro del Tepeyac para llegar a Tlatelolco, escuchó el canto de muchos pájaros y una voz que le decía: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?". Al voltear Juan Diego vio una Señora muy hermosa.
La Señora le dijo que ella era la Virgen María y le pidió que le comunicara al obispo que ella quería que se edificara un templo allí.
Juan Diego obedeció, pero el obispo no le creyó. Entonces volvió al cerro del Tepeyac a pedirle a la Virgen que mejor mandara a un hombre más importante porque a él no le creían. Entonces la Virgen le dijo que volviera el domingo a ver al obispo. En ese encuentro el obispo le pidió a Juan Diego un signo de la Virgen.
Juan Diego no pudo ir al día siguiente al Tepeyac, pues su tío Bernardino estaba muy enfermo y fue por un médico. El martes, al pasar por el cerro para ir por un sacerdote que confesara a su tío, se le apareció la Virgen y le dijo: "Juanito, Juan Dieguito; ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿Por qué te preocupas?”. Después, le hizo saber que su tío ya estaba curado y le pidió que subiera a la punta del cerro a cortar unas rosas y las guardara en su tilma. Juan Diego se sorprendió de aquella orden, pues era invierno y no era tiempo de rosas. Sin embargo, obedeció y encontró las rosas tal como la Virgen le había dicho. Esas rosas fue lo que llevó como prueba al obispo.
Al soltar su tilma frente al obispo, las rosas cayeron al suelo y apareció dibujada en la tela la preciosa imagen de la Virgen de Guadalupe. Fue entonces cuando el Obispo creyó que la Virgen quería que le construyeran en ese lugar un templo.
La tilma permaneció un tiempo en la capilla del obispo Fray Juan de Zumárraga. El 26 de diciembre de 1531 la trasladaron a una ermita construida al pie del Tepeyac, custodiada por el mismo Juan Diego.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Meditation

An Indian story. There was a holy man who lived in sanctity and penance in the middle of the forest, he fed on the fruits of the trees and on roots in the ground, and he drank from the river near his hut. He wore just a loincloth, with another to change it, and he spent the whole day worshiping God’s majesty and praising his glory.
But there were mice in the forest, and while he was immersed in his prayers they nibbled at the other loincloth, thus spoiling it. Something had to be done.
Devout people from neighbouring villages who came to visit him and to ask for his blessing suggested the remedy. The presence of a cat would make the mice keep their distance. They brought him a cat, and the loincloth was safe.
But now the cat had to be fed. Cats like milk, and so the devotees gave him a cow. But then the cow had to eat also. So they gifted the holy man the adjoining fields for the cow to eat grass. He had only to mind the fields and keep them fertile for the grass to grow. And then, of course, he had to milk the cow for the cat to drink its milk and so to be able to drive the mice away and to protect the loincloth hanged up to dry. The monk did accordingly, yielding to the devotion and the care shown by his devotees.
Everything went on smoothly till the day in which he realized he was not praying any more. His time was spent in the fields and in the care of the cow and the cat. He had no time, and no inclination to do anything else. He had become a landowner. The devout people around ceased to visit him. They said his blessing had no effect any more

Meditacion

Un cuento indio. Había un asceta, santo y penitente, que vivía en la selva, lejos de caminos humanos; se sustentaba de los frutos de los árboles y las raíces del suelo, y bebía del agua cristalina del río que fluía por bosque junto a su cabaña. Vestía solo un taparrabos y guardaba otro para cambiarse. Y pasaba todo el día en la contemplación sagrada del Dios que había hecho esas maravillas.
Pero había ratones en la selva, y mientras él estaba en oración le roían el taparrabos que había puesto a secar. Pronto quedó inservible. Había que hacer algo.
Los vecinos devoto de aldeas cercanas y lejanas que lo visitaban para pedirle su bendición le indicaron el remedio. La presencia de un gato ahuyenta los ratones. Le trajeron un gato, y el taparrabos quedó a salvo. Pero ahora había que darle de comer al gato. Al gato le gusta la leche. Los siempre devotos visitantes le regalaron una vaca. Luego ¿qué comerá la vaca? Hierba, ya se entiende. Pues le regalaron unos campos para que pastara la vaca. El ermitaño sólo tenía que cuidar de los campos, regarlos, abonarlos, cortar hierba para cuando hiciera falta. Y luego ordeñar la vaca para que diera leche y comiera el gato y espantara a los ratones y quedara protegido el taparrabos de cambio. Así lo hizo el monje, dejándose llevar por el cariño y la sabiduría práctica de sus fieles devotos.
Hasta que un día cayó en la cuenta de que ya no hacía oración. Se le pasaba todo el tiempo entre los campos, la vaca y el gato. No tenía tiempo. No tenía ganas. Se había convertido en terrateniente. Y los vecinos devotos dejaron de visitarlo. Decían que su bendición ya no surtía efecto

Salmo 29 Catequistas

Quiero repasar mis altibajos de humor ante mí mismo y ante vos, Señor. Quiero saber cómo tratarme a mí mismo cuando estoy alegre y cuando estoy triste, cómo manejar mi optimismo y mi pesimismo, cómo reaccionar ante el gozo espiritual y la depresión humana, y sobre todo cómo navegar las mareas de mis sentimientos, los cambios de humor, la tormenta súbita y la bendición inesperada, la oscuridad y la luz y la incertidumbre que nunca me deja saber cuánto durará un estado y cuándo se cambiará al opuesto.
Estoy a merced de mis cambios de humor. Cuando estoy alegre todo resulta fácil, la virtud resulta espontánea, el amor es sincero, y con todo eso un sentimiento de que siempre será así y no tengo ya que preocuparme de nada. Ya he llegado, ya he conseguido, ya he madurado en la vida y controlo la situación. He tenido altos y bajos, y sé que todavía habrá pequeños cambios y variaciones, pero fundamentalmente ya me lo sé todo y no temo novedades. Tengo experiencia en los caminos del espíritu y sé muy bien por donde ando. Estoy bien equilibrado por la gracia de Dios.
Tú me conoces bien, Señor, y tú mismo es quien ha puesto esas palabras en mis labios a invitarme a recitar el salmo de tu biblia: “No tengo preocupaciones, y nada ya me derrocará.” Pero eso me llevó a fiarme de mí mismo, a presumir, a bajar la guardia. Llegué a pensar de verdad que nada podía derrocarme.
Pero luego el salmo sigue, como también sigue mi vida. “Pero entonces, Señor, tú tuviste a bien sacudir mi refugio en la montaña. Tú escondiste tu rostro, yo me hundí en la miseria. Fallaron mis cimientos y mi desesperación fue tan total y absoluta como antes lo había sido mi orgullo. Ahora no valgo para nada, no aprenderé nunca, después de largos años me encuentro todavía al principio de mi vida espiritual. No sé rezar, no sé meditar, no sé cómo guardar la paz en mi alma, no sé cómo tratar con Dios. Ni lo sé ahora ni lo sabré nunca. Ya puedo resignarme a una existencia rutinaria e inútil. Las estrellas no se hicieron para mí.
Cuando me hundo, me olvido de que antes estaba bien alto, y creo que ya nunca volveré a subir; y luego cuando estoy arriba me convenzo de que siempre será así y no tengo nada que temer. Tengo poca memoria… y mucho que sufrir. Soy esclavo de mis sentimientos, juguete de la brisa que vuela a mi alrededor. No tengo la firmeza, la continuidad, la perseverancia del buen trabajador. Con frecuencia tropiezo y caigo. Quiero más equilibrio en mi vida, más perspectiva, más paciencia. Quiero los horizontes que tú muestras a los que acuden a ti y se fían de ti.
Ésta es mi oración, Señor: que cuando esté arriba me acuerde que antes estaba abajo, y que cuando esté abajo confíe en que volveré a estar arriba. Entonces podré decir: “Te alabaré por siempre, Señor.”

Psalm 29 – Moods of the soul

I want to uncover the moods of my soul before myself and before you, Lord. I want to know how to deal with myself when I am high and when I a low, to handle my optimism and my pessimism, to learn how to react to spiritual joy and to human dejection: and, above all, how to ride the tides of feelings, the changes of mood, the sudden storm and the unexpected bliss, the darkness and the light, and the uncertainty that never allows me to know how long a mood will last and when the opposite mood will strike.
I am at the mercy of my moods. When I feel joyful, everything looks easy, virtue is obvious, love is spontaneous and a firm assurance grows on me that this is the way it will be with me from now on and for ever. Yes, I tell myself, I have finally arrived, I have matured in my spiritual life, I have myself well in hand, I have gone through ups and downs, and I know there will still be small changes and variations, but fundamentally I know now what to expect, I am well established and nothing will seriously shake me now. I am an old-timer in the ways of the spirit and I know perfectly well where I stand. Through God’s grace I am firm and steady.
You know me well, Lord, and you yourself put those words on my lips when you invite me to recite this psalm: “Carefree as I was, I had said: I can never be shaken.” That was my unwarranted confidence, my immature boast. I really thought I could never now be shaken.
And then your psalm continued as my life continues: “But, Lord, it was your will to shake my mountain refuge: you hid your face, and I was struck with dismay.” I was shaken again to my very foundations, and then my despair was as total and absolute as my boast had been before. I am good for nothing, I shall never learn, I am now after so many years right where I was at the beginning of my spiritual life, I don’t know how to pray, how to keep peace in my soul, how to deal with God: I don’t know, and I’ll never learn now; I can just as well give up and resign myself to a low and humdrum existence. The stars are not for me.
When I am down, I forget that I ever was up, and think I shall never be up again: and when I am up and high…, I persuade myself that that is the way it’ll  always be, and there’s nothing to fear any more. My memory is short…, and so my suffering is long. I am the slave of my moods, the plaything of the breeze that blows on my soul. Hot when it is hot, and cold when it is cold. I lack the persevering steadfastness of the seasoned worker, the proven seeker. I waver and stumble and fall. I want a greater balance for my life, a larger perspective, a truer patience. I want for me the long-term view that experience in your ways gives to those who know and trust you.
For this I pray: that when I am in high spirits, I may remember that I was low before: and that when I am low, I may trust that the high spirits will come again. Then truly “I will confess you for ever, O Lord my God.”

lunes, 24 de noviembre de 2014

ADVIENTO, Catequistas

ADVIENTO - CICLO B



El tiempo de Adviento prepara a la Iglesia para conmemorar la venida histórica de Jesús, el Redentor en Navidad. Todos los años el Adviento comienza el domingo más próximo al 30 de noviembre y se extiende durante cuatro semanas; la última semana se interrumpe ante la celebración de la Navidad el 25 de diciembre. Es un tiempo de conversión y preparación, pero también de alegría y esperanza. En los primeros días se nos invita a vivir vigilantes y preparados, y luego se nos invita a adentrarnos en los acontecimientos históricos que rodearon el nacimiento de Jesús, como la visita de María a Isabel, o el nacimiento de Juan Bautista.

Lecturas para los cuatro domingos de Adviento del CICLO B:

1º Domingo de adviento: Mc 13, 33-37
«Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!».

2º Domingo de adviento: Mc 1, 1-8
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo».

3º Domingo de adviento: Jn 1, 6-8. 19-28
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz.
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?». Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías». «¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: «¿Eres Elías?». Juan dijo: «No». «¿Eres el Profeta?». «Tampoco», respondió. Ellos insistieron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».  Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías».
Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia». Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

4º Domingo de adviento: Lc 1, 26-38En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?». El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios». María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La Eucaristia... Cuerpo de Cristo




¿Cómo está Jesucristo presente en la Eucaristía?
Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y Hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino. (Catecismo de la Iglesia Católica números 1373, 1375, 1413

jueves, 6 de noviembre de 2014

San Alberto Magno

SAN ALBERTO MAGNO
Fiesta: 15 noviembre























San Alberto Magno nació en Lauingen, Baviera, a inicios del siglo XIII. A los 16 años se trasladó a Padua para cursar sus estudios universitarios. Fue allí donde conoció al superior general de los dominicos que lo encauzó hacia la vida religiosa.
En el año 1229, vistió el hábito de los frailes predicadores (dominicos) y fue enviado a Colonia, en donde se encontraba la escuela más importante de la Orden. Enseñó en Hildesheim, Friburgo, Ratisbona, Estrasburgo, Colonia y París. Era tal la concurrencia de alumnos a sus clases, que se vio obligado a enseñar en la plaza pública.
Fue elegido superior provincial de Alemania, entonces abandonó la cátedra de París para estar constantemente presente entre las comunidades que se le habían confiado. Recorría a pie las regiones alemanas. Posteriormente fue nombrado obispo de Ratisbona y a pesar de su elevada dignidad, supo dar ejemplo de un total desapego de los bienes terrenos.
Posteriormente solicitó la renuncia a su alto cargo, y regresó a la vida común del convento y a la enseñanza en la universidad de Colonia. Murió en Colonia el 15 de noviembre de 1280.

martes, 4 de noviembre de 2014

Hijo Prodigo parte 3 en dibujos para catequistas

PARÁBOLA DEL PADRE MISERICORDIOSO o DEL HIJO PRÓDIGO – PARTE 3


Parábola del Padre Misericordioso o del Hijo Pródigo (Lc 15, 11-32)

«Jesús dijo también: ‘Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde”. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. Entonces partió y volvió a la casa de su padre.
Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado”. Y comenzó la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. Él le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo”. Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!”. Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”’.»

Hijo Prodigo 2 en dibujos

PARÁBOLA DEL PADRE MISERICORDIOSO o DEL HIJO PRÓDIGO – PARTE 2


Parábola del Padre Misericordioso o del Hijo Pródigo (Lc 15, 11-32)

«Jesús dijo también: ‘Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde”. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. Entonces partió y volvió a la casa de su padre.
Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado”. Y comenzó la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. Él le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo”. Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!”. Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”’.»

lunes, 3 de noviembre de 2014

Hijo Prodigo parte 1 dibujos

PARÁBOLA DEL PADRE MISERICORDIOSO o DEL HIJO PRÓDIGO - PARTE 1



Parábola del Padre Misericordioso o del Hijo Pródigo (Lc 15, 11-32)

«Jesús dijo también: ‘Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde”. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. Entonces partió y volvió a la casa de su padre.
Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado”. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. Él le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo”. Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!”. Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”’.»

viernes, 31 de octubre de 2014

Salmo 27: Las Roca

Tú eres mi Roca. En un mundo en el que todo se tambalea y todo cambia, en el que el hombre es inconstante y voluble como pluma al viento, en el que nada es estable, nada es fijo, nada permanece, en un mundo de inseguridad e inconstancia… tú eres mi Roca.
Tú permaneces cuando todo pasa. Tú eres firme, fijo, eterno. Tú eres el único que da seguridad y ofrece garantían. Solo en ti puedo encontrar refugio, sentirme seguro y hallar paz. Tú eres mi Roca.
Alrededor mío hay arenas movedizas, lodazales, marismas, caminos resbaladizos y terrenos empantanados. Tengo que andar despacio y con cautela. No puedo correr ni saltar ni bailar, aunque mi alma lo quiera. Tengo que fijarme al dar cada paso y tentar la firmeza de cada piedra en el camino. El avanzar por los terrenos de la vida es proceso lento, lleno de aprensión y miedo a cada paso. No puedo fiarme de nada ni de nadie. Siempre queda la duda, la sospecha y el miedo. Cuando todo se tambalea, la mente misma se agita, y la paz desaparece del alma.
Esa es mi mayor prueba; que yo mismo no estoy firme. Soy un manojo de dudas. No es ya que no me fíe de nadie, sino que no me puedo fiar de mí mismo. Dudo y vacilo y tropiezo. No sé lo que quiero yo mismo, y no estoy seguro de adonde quiero ir. La incertidumbre no solo está fuera de mí sino dentro de mí, muy dentro de mí, en mis decisiones, mis opiniones, mis mismas creencias. Hago cien propósitos y no cumplo ninguno, comienzo cien proyectos y no acabo ninguno, emprendo cien viajes y no llego a ninguna parte. Soy una caña agitada por el viento. No tengo firmeza en mí mismo, y por eso necesito urgente y virtualmente tener al lado a alguien en quien pueda apoyarme.
Ese eres tú, Señor. Tú eres mi Roca. La firmeza de la tu palabra, la garantía de tu verdad, la permanencia de tu eternidad. La Roca que se destaca a lo lejos en medio de olas y arenas y vientos y tormentas. Solo con mirarte encuentro reposo. Solo con saber que estás allí, siento la tranquilidad en mi alma. Palpo tu sólida presencia, tu encarnación en piedra. Me apoyo contra tu lado, y me invaden la tranquilidad y la paz. En un mundo de cambios, tú eres mi Roca, Señor, y esa profesión de fe trae la alegría a mi alma.
“El Señor es mi fuerza y mi escudo: en él confía mi corazón: me socorrió, y mi corazón se alegra y le canta agradecido. El Señor es fuerza para su pueblo, apoyo y salvación para su ungido. El Señor es mi Roca.”

Psalm 27 - Rock of ages

You are my Rock. In a world where everything changes, where man is fickle and his moods like feathers in the wind: where nothing is stable, nothing permanent, nothing reliable: in a world of insecurity and instability… you are my Rock
You stand while everything falters. You are firm, steady, eternal. You alone offer security and safety. In you alone can I rest and take refuge and feel at peace. You are my Rock.
Round me there are deserts and marshes and slippery paths and shaky ground. I must be slow and cautious. I cannot run and jump and dance at will. I must mind every step and test every stone. There is painful progress and constant apprehension on the grounds of life. No one I can really trust, nothing I can safely rely upon. Always doubt and suspicion and fear. When everything is unsteady, the mind itself is restless, and peace flies from the soul.
That is my greatest trial, that I myself am not steady. I am a bundle of doubts. It is not only that I don’t trust anybody, but that I don’t trust myself. I waver and hesitate and stumble. I don’t know what I want, and am not sure where I want to go. Uncertainty is not only outside me, but inside me, very much inside me, in my decisions and my opinions and my beliefs. I take a hundred resolutions and fulfill none; I start on a hundred journeys and reach the end of none. I am a reed shaken by the wind. I lack firmness, and I need desperately someone I can lean on.
And that is you, Lord. You are my Rock. The firmness of your word, the uniqueness of your truth, the permanence of your eternity. The Rock jutting out in the midst of waves and sands and winds and storms. Just to look at you gives me repose.
The Lord is my strength and my shield, in him my heart trusts: so I am sustained, and my heart leaps for joy, and I praise him with my whole body. The lord is strength to his people, a safe refuge for his anointed king. The Lord is my Rock.

Meditation...Here

Hasan Basari, a great saint of Islam, was one day walking with his disciples when he saw a man who apparently was drunk and was faltering in his way. There was a deep pond in the middle and the ground was slippery, so the saint warned the man: “Be careful, brother, since the ground is slippery and the water is deep. If you fall in it you may get drowned.” The man answered him: “And you be careful even more, since if I drown, I drown alone; but if you drown, many more will drown with you.”
This is the responsibility of teachers and preachers. Nobody is saved or condemned alone. The disciples follow their master. A slip causes many slips. The pond is deep and the ground is slippery. That’s always the way in this world. But then there is also joy and consolation. A step in the right direction may lead many more in the right direction. The master avoids the trap, and the disciples after him will also avoid it. Everybody helps everybody else.
The apparently drunk man was not drunk. He only was week, and he knew it. His own weakness led him to seek protection from the danger. Humility is our best defense in life.
The master understood. Nobody fell into the pond.

VESTIMENTA LITURGICA DEL SACERDOTE


 



Vestimenta litúrgica del sacerdote.

Alba: Es una túnica blanca que cubre todo el cuerpo hasta los pies. La usa el sacerdote en todas las celebraciones litúrgicas y muchas veces la utilizan también los que ayudan. Con ella se simboliza que se está al servicio de Dios en las cosas del altar.

Cíngulo: Es un cordón blanco que se sujeta a manera de cinturón sobre el alba y significa que quien sirve a Dios está atado a Jesús.

Estola: Es una tira delgada de género que se coloca alrededor del cuello sobre el alba. Es de diversos colores según el tiempo litúrgico que corresponda (blanco, rojo, morado, verde). Significa el poder que Jesús dio a los sacerdotes para hacer las mismas cosas que él hacía.

Casulla: Es un manto en forma de poncho que cubre al sacerdote cada vez que celebra la misa. La casulla simboliza a Cristo. El sacerdote se viste de Cristo para realizar lo mismo que el hizo en la última. También hay varios colores de casulla como la estola.

sábado, 4 de octubre de 2014

San Francisco de Asis

 CÁNTICO DE LAS CRIATURAS


















Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el honor; tan sólo tú eres digno de toda bendición, y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor, y en especial loado por el hermano sol, que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor, y lleva por los cielos noticia de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor, y las estrellas claras, que tu poder creó, tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son, y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor, que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor! Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol, y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!
Y por la hermana tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra, que da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores de color, y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor los males corporales y la tribulación: ¡felices los que sufren en paz con el dolor, porque les llega el tiempo de la consolación!
Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor! Ningún viviente escapa de su persecución; ¡ay si en pecado grave sorprende al pecador! ¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación! Servidle con ternura y humilde corazón. Agradeced sus dones, cantad su creación. Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén

miércoles, 1 de octubre de 2014

Escuela de CATEQUISTAS Santo hermano Miguel





Los doce apostoles


Mc 3, 13-19
Después, Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a Doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro;  Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.





La elección de Matías
Hechos 1, 15. 21-26
Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos –los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas– y dijo: «Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección». Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías. Y oraron así: «Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía». Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.




miércoles, 17 de septiembre de 2014

Salmo 25 - El salmo del inocente.

Salmo 25 - El salmo del inocente.
Yo no me hubiera atrevido a rezar este salmo, Señor, pero te agradezco que tú me lo ofrezcas y me invites a que lo haga mío. Es un salmo de inocencia y sinceridad, la oración de un hombre justo y de un alma inocente. Ése no soy yo exactamente. Yo conozco mis fallos y lamento mis defectos: a veces hiero a la gente, busco la alabanza, quiero el placer, no soy fiel a mí mismo. Hay momentos oscuros en mi vida, y rincones ocultos en mi conciencia. No soy puro e inocente. No puedo aparecer ante ti como santo y perfecto.
Y sin embargo eso es lo que me estás invitando a hacer en este salmo, y yo me alegro secretamente de ello, casi en contra de mí mismo, cuando escucho tu invitación y me dispongo a responder. Sé que he hecho cosas mal, pero en el fondo yo deseo la verdad y quiero el bien de todos. Nunca he actuado por malicia, no ataco a nadie, no quiero desobedecer. Es verdad que soy débil, pero no soy malo. Me gusta la bondad y estimo la honradez. Querría que todos fuesen felices y el mundo estuviese en paz. Siento esa bondad como lo más interior en mí mismo, y así acepto tu invitación a rezar la oración del justo.
He vivido una vida sin reproche, y he confiado siempre en ti, Señor. Pruébame y escudriña mi corazón. Siempre tengo tu amor en él con tus mandamientos y tu verdad. Me lavo las manos en inocencia para entrar en procesión ante su altar, Señor. Bendíceme, Señor, y muéstrame tu favor.
Eso es lo que yo soy y quiero ser. Me siento feliz de aparecer ante tu presencia. Me gozo en la confianza que me has infundido, en el poder mirarte al rostro y hablar en libertad. Sí, yo soy tu hijo, y a pedirte tu bendición estoy pidiendo justicia. Tú me has dado el derecho de hablar así, y yo lo ejerzo ahora con sencillez. Te pido tu bendición y mi herencia. Te pido paz y alegría. Quiero verme y sentirme como un hijo fiel ante ti y como un hermano para todos. Esto es lo que, con el salmo, llamo justicia, y esto es lo que espero de ti.
Hazme justicia, Señor, porque he vivido una vida sin reproche.

Psalm 25 – “The psalm of the innocent.”

I would not have dared to pray this psalm, Lord, but I am grateful you offer it to me and invite me to make it my own. A psalm of innocence and sincerity; the prayer of an upright man and a blameless soul. This is not exactly me. I know my failings and regret my shortcomings: I hurt people, I court praise, I seek pleasure, I am not true to myself. There are black moments in my life and dark corners in my conscience. I am not innocent and pure. I cannot stand before you and claim righteousness.
And yet that is what you are inviting me to do, and I secretly rejoice, almost against myself, when I hear your invitation and get ready to answer it. I know I have done wrong things, but in my heart of hearts I worship truth and I wish all men well. I do not act out of malice, I do not wish to hurt, I do not mean to disobey. I am weak, yes, but not wicked. I love goodness and cherish honesty. I would like all to be happy and the whole world at peace. There is goodness in me, and that is the deepest layer of my being. I want to feel good, and so I welcome your invitation to say the prayer of the just man.
I have lived my life without reproach, and have put unfaltering trust in you, Lord. Test me, O Lord, and try me: put my heart and mind to the proof. For your constant love is before my eyes, and I live in your truth. I wash my hands in innocence to join in procession round your altar, O Lord. I live my life without reproach; redeem me, O Lord, and show me your favour.
This is me at my best. And I feel happy to appear before you, Lord, for once in that light. To stand up with the confidence you have won for me, to lift up my face, to smile in innocence and to speak in freedom. Yes, I am your son, and in asking your blessings I am asking for justice. You have given me the right to speak so, and I claim it with simplicity. I ask for justice. I am asking for your blessing and my inheritance. I am asking for peace and for joy. I want to feel that I am a faithful son to you and a good person to all. This I call justice, and this is what I expect from you.
Give me justice, O Lord, for I have lived my life without reproach.

Meditation

- How did your pilgrimage go, my dear disciple?
- It went all very well, respected master.
- Why do you say that it went very well?
- Because I saw the greatest Buddha statue in the whole world.
- Then you must be very strong.
- Why do you say that, my master?
- Because I see you are still bearing it on your shoulders.
- How did your pilgrimage go, my dear disciple?
- It went all very well, respected master.
- Why do you say that it went very well?
- Because I saw the greatest Buddha statue in the whole world.
- Then you must be very strong.
- Why do you say that, my master?
- Because I see you are still bearing it on your shoulders.


Meditación

- ¿Cómo te fue en la peregrinación, querido discípulo?
- Me fue muy bien, respetado maestro.
- ¿Por qué dices que te fue muy bien?
- Porque vi la estatua de Buda mayor del mundo.
- Pues debes tener mucha fuerza.
- ¿Por qué decís eso, maestro?
- Porque veo que todavía la llevas sobre los hombros.

LES CUENTO. P. Carlos Valles sj

Esta es quizá la anécdota más extraña de mi vida, y la recuerdo ahora después de varios años. Sucedió cuando yo volví de la India para cuidar de mi madre que vivía sola, acababa de cumplir los 90, y me llamó para que la acompañase en los últimos años de su vida. El cuarto mandamiento mantiene su validez en cualquier circunstancia, y con todos los permisos y bendiciones de los superiores yo encontré un sustituto para dar mis clases de matemáticas en la universidad de Ahmedabad (India), y literalmente volé al lado de mi madre.
Los domingos por la mañana mi madre y yo solíamos ir con algunos amigos a tomar un café y charlar juntos un rato. Uno de esos días, mientras charlábamos animadamente en un café cercano, yo sentí sin más que tenía que volver a casa, y así lo dije. Todos me miraron como si estuviese chiflado, que desde luego me lo parecía hasta a mí mismo, pero aun así me levanté y volví a casa. La puerta de abajo y la de nuestro piso estaban perfectamente cerradas con llave. Abrí, entré, llegué al dormitorio, y allí lo vi. La puerta del balcón estaba abierta, y había un hombre joven agachado y arrastrándose por debajo de la persiana con un cuchillo en la mano. Yo anduve en silencio hasta que mis zapatos le quedaron bajo sus ojos. Él miró hacia arriba, me vio, se levantó y quedó en silencio de pie en el balcón enfrente de mí con la verja entremedio. Yo le dije sin más: “Vuélvete por donde has venido.” Y aquí empezó la comedia. Él comenzó a rogarme: “Por favor, no me haga bajar por ese maldito árbol, que bastante me ha costado subir. Déjeme entrar y marcharme tranquilamente por la puerta.” Le dije: “Dame el cuchillo.” Me lo dio. Era un cuchillo de cocina ordinario, nada de un arma profesional. Él entró, quedó de pie a mi lado, y yo le puse la mano en el hombro. Él se echó a llorar. Cuando se calmó me dijo secándose las lágrimas: “Ya lo habrá adivinado. La droga. Tengo ‘el mono’ como decimos nosotros. El síndrome de abstención. No puedo pasarme sin ellas. Soy de buena familia, una de las casas allí enfrente, pero en casa no saben nada. No tengo dinero. Sé dónde se vende droga. Venía a encontrar algún dinero aquí para una dosis. Por favor, déjeme marchar.” Yo lo acompañé hasta la calle, y le dije al despedirme: “Cuéntales todo a tus padres.”
Me queda la pregunta. ¿Por qué sentí yo de repente que tenía que volver a casa? Tengo una relación muy íntima con mi Ángel de la Guarda, y él tiene sus maneras de hacerme sentir lo que conviene. Se está sonriendo ahora. Él lo sabe.

LA CREACIÓN

La Creación (Génesis 1, 1-31)

En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre el agua.
Entonces Dios dijo: “¡Que haya luz!” Y hubo luz. Al ver Dios que la luz era buena, la separó de la oscuridad y la llamó “día”, y a la oscuridad la llamó “noche”. De este modo se completó el primer día.
Después Dios dijo: “Que haya una bóveda que separe las aguas, para que estas queden separadas.” Y así fue. Dios hizo una bóveda que separó las aguas: una parte de ellas quedó debajo de la bóveda, y otra parte quedó arriba. A la bóveda la llamó “cielo”. De este modo se completó el segundo día.
Entonces Dios dijo: “Que el agua que está debajo del cielo se junte en un solo lugar, para que aparezca lo seco.” Y así fue. A la parte seca Dios la llamó “tierra”, y al agua que se había juntado la llamó “mar”.
Al ver Dios que todo estaba bien, dijo: “Que produzca la tierra toda clase de plantas: hierbas que den semilla y árboles que den fruto.” Y así fue. La tierra produjo toda clase de plantas: hierbas que dan semillas y árboles que dan fruto. Y Dios vio que todo estaba bien. De este modo se completó el tercer día.
Entonces Dios dijo: “Que haya luces en la bóveda celeste, que alumbren la tierra y separen el día de la noche, y que sirvan también para señalar los días, los años y las fechas especiales.” Y así fue. Dios hizo las dos luces: la grande para alumbrar de día y la pequeña para alumbrar la noche. También hizo las estrellas. Dios puso las luces en la bóveda celeste para alumbrar la tierra de día y de noche, y para separar la luz de la oscuridad, y vio que todo estaba bien. De este modo se completó el cuarto día.
Luego Dios dijo: “Que produzca el agua toda clase de animales, y que haya también aves que vuelen sobre la tierra.” Y así fue. Dios creó los grandes monstruos del mar, y todos los animales que el agua produce y que viven en ella, y todas las aves.
Al ver Dios que estaba bien, bendijo con estas palabras a los animales que había hecho: “Que tengan muchas crías y llenen los mares, y que haya muchas aves en el mundo.” De este modo se completó el quinto día.
Entonces Dios dijo: “Que produzca la tierra toda clase de animales: domésticos y salvajes, y los que se arrastran por el suelo.” Y así fue. Dios hizo estos animales y vio que todo estaba bien.
Entonces dijo: “Ahora hagamos al hombre a nuestra imagen. Él tendrá poder sobre los peces, las aves, los animales domésticos y los salvajes, y sobre los que se arrastran por el suelo.”
Cuando Dios creó al hombre, lo creó a su imagen; varón y mujer los creó, y les dio su bendición: “Tengan muchos, muchos hijos; llenen el mundo y gobiérnenlo; dominen los peces y las aves, y a todos los animales que se arrastran.”
Después les dijo: “Miren, a ustedes les doy todas las plantas de la tierra que producen semilla, y todos los árboles que dan fruto. Todo eso les servirá de alimento. Pero a los animales salvajes, a los que se arrastran por el suelo y a las aves, les doy la hierba como alimento.” Así fue, y Dios vio que todo lo que había hecho estaba muy bien. De este modo se completó el sexto día.

(Texto tomado de “La Biblia. Palabra de Dios”. Editorial Paulinas Argentina)

NUESTRA SEÑORA DEL MILAGRO DE SALTA



Ciudad de Salta, Argentina. 1692. Según la tradición, la imagen de la “Virgen de la Pura y Limpia Concepción” ya estaba en Salta hace mucho tiempo y pertenecía a una familia del lugar. Dicha familia celebraba la fiesta de la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre) llevando la imagen a la Iglesia Matriz (hoy Catedral Basílica de Salta). Providencialmente, ese año de 1692, la imagen quedó en el Templo unos días más.
La imagen estaba allí cuando comenzaron los terribles terremotos del 13 de septiembre de 1692 en la zona de Salta. La Ciudad de Esteco, que era centro geográfico y comercial de la región, se hundió quedando totalmente arruinada. La gente de Salta, desolada, se dirigió a la plaza y algunos entraron en la Iglesia Matriz para sacar el Santísimo Sacramento. Se hizo luego una procesión con Jesús Sacramentado alrededor de la plaza. Quienes habían entrado a la Iglesia pudieron observar la imagen de la Virgencita, que por los movimientos de los terremotos, se había caído de su hornacina, pero estaba intacta y había quedado como en actitud suplicante.

Al acercarse a la imagen contemplaron con asombro que el rostro de la Virgen cambiaba de colores, del pálido de la aflicción, al tono más sereno de su gozoso consuelo y de su afán de amparo e intercesión. Entonces instalaron la Imagen de la Virgen en el Atrio.
Por inspiración de un sacerdote Jesuita, el pueblo sacó de la Iglesia una imagen del Santo Cristo Crucificado, que había estado abandonada, para hacer con ella una procesión por la plaza. Las campanas llamaron a la penitencia, invitando a la primera procesión a la que acudieron las autoridades civiles y militares junto a los pobladores, presididos por los sacerdotes. Una multitud lloraba afligida, golpeándose el pecho, clamando misericordia. Los temblores cesaron.
Así nació el famoso milagro del Señor y la Virgen de Salta. En 1902, a pedido del Obispo de Salta Monseñor Matías Linares, el Papa León XIII concedió la Coronación Pontificia .

sábado, 23 de agosto de 2014

Meditation


Three boys went to get figs from trees all around the fields, and came back with a whole bag full of them. Now the question was how to distribute them equally, and for that they approached the eldest man in the village. He asked them: “Do you want me to distribute them as a man would do or as God himself would do?” They answered him: “As God himself would do.” The man then gave three fourths of the figs to one, one fourth to another, and nothing to the third. They all three protested violently at the flagrant injustice, but then the old man explained: “If you had asked me to do as a man would do, I would have made three equal parts and given one to each. But you’ve asked me to do as God does, and God gives much to one, little to another, and nothing to a third one. That is his way as everybody knows. Now you can go.”

martes, 12 de agosto de 2014

Santa Elena


Fiesta: 18 agosto


Elena nació en una familia pagana en Nicomedia (la actual Turquía) en el siglo III. Allí pudo, en su juventud, contemplar los efectos de las crueles persecuciones a los cristianos mandadas desde Roma, algo que le causaba mucha tristeza y no podía comprender.
A los 23 años contrajo matrimonio con Constancio, general del imperio romano. En el año 274 nació su hijo Constantino. Por motivos políticos Constancio dejó a Elena, se casó con la hija del emperador y se llevó con él a su hijo Constantino.
Elena volvió a su casa paterna, y comenzó un largo y triste período del exilio que se extendió a más de diez años. En ese periodo fue que Elena se convirtió y comenzó a ser cristiana.

Ante la muerte de Constancio, sus soldados se apresuraron a proclamar nuevo Augusto a Constantino, hijo de Elena. Luego, designaron a Constantino como César. Constantino desde su trono llamó a su madre Elena, a quien rindió todos los honores elevándola a la dignidad de Augusta Emperatriz.
Para coronar su nombramiento de César, Constantino debía ganar una importante batalla. Se dice que mientras planeaban la batalla se divisó en el firmamento una cruz luminosa con la siguiente inscripción: “Con este signo vencerás”. Inmediatamente Constantino mandó a grabar esta imagen de la cruz en su bandera, escudos y estandartes. Y efectivamente, triunfó consagrándose como César en Roma.

Elena, aún siendo emperatriz, siempre dio ejemplos de humildad y caridad. Después de aquella importante batalla, Elena logró que su hijo firmara el “Edicto de Milán” que prohibía la persecución de los cristianos, y ponía así fin a la época más sangrienta de la cristiandad.
En los últimos años de su vida organizó un viaje a Tierra Santa para comenzar su afanosa búsqueda de la Santa Cruz. Las excavaciones resultaron con éxito, encontró las tres cruces de la crucifixión, y la de Jesús la partió en tres. Una se trasladó a Constantinopla, otra quedó en Jerusalén y la tercera llegó a Roma donde se conserva y venera en la iglesia llamada “Santa Cruz de Jerusalén”.
Elena murió en Constantinopla el 18 de agosto  del año 328. Su hijo Constantino dispuso trasladar sus restos con gran solemnidad a Roma y parte de ellos se conservan hoy en la Iglesia Ara Coeli, dedicada a santa Elena.

Ante lo sucedido en Chile... Omar Mantilla

Es impresionante concer lo suedido en Chile, la renuncia de todos los obispos sin duda no es lo más mportante pero si nos marca y me da verg...