miércoles, 23 de abril de 2014

ORACIÓN DEL GLORIA (Misa)





 
ORACIÓN DEL GLORIA (Misa)

Gloria a Dios en cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias.
Señor Dios, Rey Celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo Único Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre.
Tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestras súplicas;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros.
Porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo Jesucristo,
con el Espíritu Santo,
en la gloria de Dios Padre.
Amén.
 

domingo, 13 de abril de 2014

Ave María, oración

La oración del AVE MARÍA



 
Ave María:
Dios te salve, María, llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

«Recuerden que el Ave María es la más her­mosa de todas las ora­ciones, des­pués del Padrenuestro. El Ave María es el más per­fecto sa­ludo que pueden di­rigir a María. Es, en efecto, el sa­ludo que el Altísimo le envió por medio de un ar­cángel para con­quistar su co­razón y fue tan po­de­roso sobre el co­razón de María que, no obs­tante su pro­funda hu­mildad, ella dio su con­sen­ti­miento a la Encarnación del Verbo. Con este sa­ludo de­bi­da­mente re­ci­tado tam­bién ustedes con­quis­ta­rán in­fa­li­ble­mente su corazón.»

jueves, 10 de abril de 2014

St. John Baptist de La Salle and Adrian Niel

Gradually in our lives, we discover and discovering us , we look to the past and the sources of our commitment as committed Christians , this like a hidden pearl, a treasure one of the inspirations , models , roads that were shaping us . This week we remember St. John Baptist de La Salle , he is for me one of my most cherished models.This is in addition to identity, sense of community back to the origins , family, so much need today without community there is no redemption, for community life is to walk, grow, communicate, communicating . God in his infinite mercy is revealed and Community (unveiling ) to their children. But a few words on this matter: There is a figure I remember I told the brethren is the almost imperceptible presence of Adrian Niel , who was it? certainly have already written about it . But I like to imagine that he was a good man , possibly a catechist , someone with a good heart, inspired by Providence , had urge to do good to others, one a vision beyond the ordinary, you saw the suffering children , I look carefully biding his time , effort, and even abuse by improving these miseries by normal until they had the same clerics of his time.Adrian Niel is the figure we catechists who are with children in parishes , schools, communities , and headed many to do more .St. John Baptist de La Salle did, at first reluctantly, resistance , Adrián What would you say ? What convinced him ? , Only God knows . And the most beautiful, Adrian retires quietly without saying anything, without receiving applause or recognition , as we catechists . Some say he was fickle, not finished what he started , can be. But it can also be - from another hermeneutics - who knew what would happen , because I had a lot of experience , it may even be that God guided this decision for many as immature .Finally today there are many who are from La Salle without being in La Salle. We took him into silent, convinced that Providence is with them , as Adrian sure Niel believed and lived .

With joy!

Mantilla Omar Muñoz

La Salle...y Adrián Niel

Poco a poco en nuestra vidas, vamos descubriendo y descubriéndonos, miramos al pasado y en la fuentes de nuestro compromiso como cristianos comprometidos, esta como una perla escondida, como un tesoro una de las inspiraciones, modelos, caminos que nos fueron moldeando. En esta semana recordamos a San Juan Bautista de La Salle, el es para mí uno de mis modelos más queridos.
Se trata además de identidad, de sentido comunitario, de volver a los orígenes, familia, que tanto necesitamos hoy, sin comunidad no hay redención, pues en la comunidad la vida se hace al caminar, al crecer, al comulgar, al comunicarse. Dios en su infinita misericordia es Comunidad y se revelo (quitar el velo) a sus hijos.
 
Pero unas pocas palabras para este asunto: Hay una figura que recuerdo que me contaron los hermanos es la presencia casi imperceptible de Adrián Niel, ¿quién era? seguro que ya han escrito sobre él. Pero me gusta imaginarme que era un buen hombre, posiblemente un catequista, alguien con un buen corazón, que inspirado por la Providencia, tenía por urgencia hacer el bien, a los demás, alguien una visión más allá de lo común, que vio el sufrimiento de los niños, que miro atentamente comprometiendo su tiempo, esfuerzo, y hasta malos tratos por mejorar esas miserias que tenían por normales hasta los mismos clérigos de su época.
Adrián Niel es la figura de nosotros los catequistas, que estamos con los niños en las parroquias, escuelas, comunidades, y que encaminamos a muchos a hacer algo más.
San Juan Bautista de La Salle lo hizo, a principio a regañadientes, con resistencia, ¿Qué le diría Adrián? ¿Cómo le convenció?, solo Dios sabe. Y lo más hermoso, Adrián se retira en silencio, sin decir nada, sin recibir aplausos, ni reconocimientos, como nosotros los catequistas. Algunos dicen que era inconstante, que no terminaba lo que empezaba, puede ser así. Pero también puede ser - desde otra hermenéutica - que sabía lo pasaría, pues mucha experiencia tenía, puede ser incluso que Dios guiaba esa decisiones para muchos como inmaduras.
Finalmente hoy hay muchos que somos de La Salle sin estar en La Salle. Lo llevamos dentro en silencio, convencidos que la Providencia está con ellos, como se seguro creía y vivía Adrián Niel.

Con alegría!

Omar Mantilla Muñoz

miércoles, 9 de abril de 2014

LAS PARTES DE LA MISA II



CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA II:

Las partes de la misa: (Viene de la parte I)


LITURGIA DE LA EUCARISTÍA: Consta de tres partes. 1. Rito de las ofrendas 2. Gran Plegaria Eucarística (es el núcleo de toda la celebración. Es una plegaria de acción de gracias y en que actualizamos la muerte y resurrección de Jesús) 3. Rito de Comunión.
-Procesión de ofrendas: Presentamos el pan y el vino que se transformarán en el cuerpo y en la sangre de Cristo. Realizamos la colecta en favor de toda la Iglesia.
-Oración sobre las ofrendas / Ofertorio: Con esta oración ponemos en las manos de Dios los dones que trajimos, no solo el pan y el vino, sino también nuestras vidas.
-Santo / Prefacio: Cantamos y damos gracias alabando a Dios el tres veces santo.
-Consagración: El sacerdote hace “memoria” de la Última Cena, pronunciando las mismas palabras de Jesús. El pan y el vino se transforman en el cuerpo y en la sangre de Jesús.
-Aclamación: Aclamamos el misterio central de nuestra fe.
-Intercesiones: Ofrecemos este sacrificio de Jesús en comunión con toda la Iglesia. Pedimos por el papa, por los obispos, por los difuntos y por todos nosotros.
-Doxología: El sacerdote ofrece al Padre el cuerpo y la sangre de Jesús, por Cristo, con él y en él, en la unidad del Espíritu Santo. Todos respondemos: “Amén”.
-Padrenuestro: Preparándonos para comulgar, rezamos al Padre como Jesús nos enseñó. Luego nos damos el saludo de la paz.
-Comunión: Llenos de alegría nos acercamos a recibir a Jesús, pan de vida. Antes de comulgar hacemos un acto de humildad y de fe.
-Oración: Damos gracias a Jesús por haberlo recibido, y le pedimos que nos ayude a vivir en comunión.

RITOS DE DESPEDIDA: Son ritos que concluyen la celebración.
-Bendición: Recibimos la bendición de Dios por medio del sacerdote.
-Despedida y envío: Alimentados con el pan de la Palabra y de la Eucaristía volvemos a nuestras actividades

sábado, 5 de abril de 2014

DOMINGO DE RAMOS




"Mucha gente había ido a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Al día siguiente, supieron que Jesús iba a llegar a la ciudad. Entonces cortaron hojas de palmera y salieron a recibirlo gritando: -¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!
Jesús encontró un burro y montó en él, como se dice en la Escritura: «No tengas miedo, ciudad de Sión; mira, tu Rey viene montado en un burrito.»"

Meditation end Cuaresma


The heavens tell of the glory of God,
the vault of heaven reveals his handwork.
One day speaks to another,
night with night shares its knowledge.
(Psalm 18)

Psalm 18 is the key to Christian thinking on ecology. And this for two beautiful reasons. The first is that here we have the overture onto creation. Everything comes from there. The fundamental truth for our existence and our understanding. Everything that exists is “his handiwork”. Everything is sacred, divine, transcendent. Everything bears the Creator’s royal seal and the Father’s loving touch. All that surrounds us in landscape and horizon, on earth and in the sky, in air and breeze, in fountain and ocean, in the flight of the bird and in the perfume of the flower… all that bears upon itself the living mark of the creative power that gave it its existence and maintains it in being, in a continued creation that makes God’s presence real in the majesty of his work. This is the abiding message that one day speaks to another, and night shares with night. God’s presence in his works. And, as a consequence, reverence, respect and adoration in our hearts towards all that we know he has made and put in our hands. We can use everything, but only as a sacrament of grace that reveals a presence. Everything is Body and Blood in a cosmic salvation mystery. Ecology is now not any more a matter of cultural awareness or economic convenience, but is deeply and intimately prayer of worship and liturgy of faith. Keeping distances and proportions, we can almost apply to the whole of creation an echo at least of the words that Jesus will one day feelingly tell us. “Whatever you do to the smallest of these, you do it to me.” There we learn how to deal tenderly with creation out of love for the Creator. This is the theological basis for the best ecology.
But there is more to it, and that is the second lesson the psalm teaches us, expounding it through that poetical device that is the very soul of Hebrew poetry: biblical parallelism. That is, two ideas, two descriptions or two images, which, when set side by side in rhythmical sequences, illumine and reinforce each other with their two proper meanings, at once similar and different.
This is why this psalm does with profound understanding and poetic beauty. It speaks first of the sun in the sky, of its exact orbit ad its life-giving heat, and then, in the same breath, without any explanation or logical transition or linguistic connection, it goes on to speak at once of God’s most holy will, manifested in the path it marks for us and the life it infuses in us with its unfailing warmth. In that way it is beautifully telling us that just as the sun never fails in its beneficent and vivifying task, so the divine law and God’s saving will never fail us either, in their necessary assistance to our life in the spirit. Nature is the image of grace. The sun is the reminder of God’s presence in his creation. Gentle prodding and loving hint that the contemplation of nature may lead us to the memory of God, and the observation of the regularity of the laws of the heavens may strengthen out trust in the power and protection of God’s will in our lives. Nature becomes an open prayer-book, and the fidelity of its laws and seasons reminds us daily of God's tender and powerful providence for us. The psalm makes the delicate suggestion in its wonted parallel pedagogy:
High above, he pitched a tent for the sun, who comes out of his pavilion like a bridegroom, exulting like a hero to run his race. He has his rising on the edge of heaven, the end of his course is its furthest edge, and nothing can escape his heat.
The Law of the Lord is perfect, new life for the soul; the decree of the Lord is trustworthy, wisdom for the simple. The precepts of the Lord are upright, joy for the heart: the commandment of the Lord is clear, light for the eyes. The fear of the Lord is pure, lasting for ever: the judgments of the Lord are true, righteous, every one.
The decree of the Lord is trustworthy… as is the course of the sun in the sky. The daily visit of the sun on our horizon renews in us our trust in the God that sends it to us. The image of the religious poem revives our faith. Theology visits us in poetry.
Another psalm (88,32) speaks of the moon, and calls her, with no less poetical instinct, “faithful witness in the sky”. This does not mean that the moon from her vantage point may “watch” what takes place in the shadows of night on earth and in this way may be considered a material “witness” of what she has seen. The psalm’s insight is much deeper and far more beautiful. The moon is reliable witness to God’s fidelity to his promises, because she, in her regular path of unfailing astronomy, shows how God never misses what he once solemnly established. God promised Adam and Eve at the dawn of creation, and Noah and his family at the end of the deluge, that the sun and the moon would daily follow without fail their preordained course; that day would follow night, and night would follow day without ever a hitch; that the seasons would take their turns in the yearly cycle with guaranteed punctuality; and that the whole of nature would be true to its mission as home of humankind and gateway to eternity. God had pledged his word, and has kept his pledge.
The moon, with her astronomy riddles and her poetic fascination, has always been a close and essential part of that cosmic plot, and knows how to enhance her valuable witnessing . Her rising and setting, her phases and her eclipses, her coming closer and receding farther, the tides she creates and the faces she shows have always been what they should be at each moment according to the standard almanac at the prevailing time. She has never failed once. And this is her witness. That exemplary behavior earns for her the exalted biblical title of “faithful witness in the sky”. She seems to be telling us out of her own experience: “The God who has fulfilled his promise in me, will also do so in you. The Creator that is so faithful in keeping the orbits of celestial bodies in the sky, will be no less faithful in protecting the ways of men and women on earth with even greater care and providence. Look at me and let your faith in God increase. He will never fail you.”
This is the witness given by the whole of nature, and we read it with loving devotion and heartfelt joy. The heavens become a mirror, and the moon a faithful companion. Intimate link in a common destiny. Ecology is kinship.
The first Hebrew disciples read this same sense in the prayer Jesus taught us and we daily repeat with growing understanding. This is how a Jewish rabbi interpreted the third petition of the Our Father, “your will be done on earth as it is in heaven”. In his reading – legitimate and inspiring as are all studies that with true scholarship and right faith enrich the inexhaustible text in its compact meaning – the phrase does not mean that we men and women on earth should obey the will of God as the saints and the angels in heaven do, but “as the sun and the moon in the sky”. It is the same idea as in the psalms. As all celestial bodies in the skies faithfully follow the orbits traced for them by the finger of God, without ever swerving from the laws that regulate their paths across the heavens, so we, men and women on our earthly wanderings, have to obey and follow the laws that God has imprinted in our hearts for our own good and for the universal good of all beings, that in uncounted multitudes form his total creation. Such is the lovely petition that invites us daily to raise our eyes to heaven, to watch the sun and the moon and the stars to wonder at the artistic geometry of the patterns of their constellations and the immensity of their domains, to discover in their majesty and regularity the outlines of God’s presence behind them all, and to apply now to our lives, in the free choice of the observed lesson and our responsible reaction, the conscious election of the one right path that may mark our personal contribution to the cosmic dance of the whole creation with the docile step of our wholehearted cooperation. There is a galactic dimension to our human behavior at each moment.
In this way even the Our Father can become a daily reminder of our connection with nature, and can bring through our central prayer the awareness of our beneficent contact with heaven and earth in the simplest of our prayers and the clearest of its petitions: “Your will be done on earth as it is in heaven”.
The same psalm 18, that has taught us so much, ends up with the hope that this poetic and mystical consideration may please the Lord: and it calls him, again in common Hebraic metaphor and ecological prophecy, “my Rock”.
May the words of my mouth always find favour,
and the whispering of my heart, in your presence,
O Lord, my Rock, my Redeemer!

Meditacion fin de cuaresma

Los cielos proclaman la gloria de Dios,
la cúpula de los cielos revela su trabajo.
Cada día le habla al siguiente,
cada noche trasmite a cada noche su experiencia.
(Salmo 18)

El salmo 18 es la clave de la ecología cristiana. Y eso por dos razones, cada una más bella. La primera es que aquí tenemos la esencia y el significado de la creación. Todo lo que existe está hecho por él, y en consecuencia es sagrado, divino, trascendente. Todo lleva el sello real del Creador, y todo está acariciado por la mano del Padre. Todo lo que nos rodea en paisaje y horizonte, en la tierra y en el cielo, en el aire y la brisa, en la fuente y en el océano, en el vuelo del pájaro y en el perfume de a flor… todo eso lleva en sí mismo la marca viva de ese poder creativo que le dio la existencia y lo mantiene en su ser en una creación continuada que hace real a la presencia de Dios en la majestad de su obra. Este es el mensaje permanente que cada día le cuenta al siguiente, y cada noche trasmite a cada noche. La presencia de Dios en sus obras. Y, en consecuencia, reverencia, respeto y adoración, en nuestros corazones hacia todo aquello que sabemos él ha creado y ha puesto en nuestras manos. Podemos usar de todo, pero solo como un sacramento de gracia que nos revela una presencia. Todo es Cuerpo y Sangre en el misterio de salvación cósmica. La ecología ya no es solo un tema de cultura natural o de conveniencia económica, sino que es, en su profundidad e intimidad, oración de adoración y liturgia de la fe. Con debida distancia y proporción, debemos aplicar a toda la creación un eco a menos de aquellas palabras que Jesús dijo con terneza y cariño: “Todo lo que hacéis por el más pequeño de esos niños, me lo hacéis a mí.” Eso nos enseña a amar a la creación por amor al Creador. Esa es la base auténtica de la verdadera ecología.
Pero hay más todavía, y esa es la segunda lección que el salmo nos enseña, y lo hace con ese recurso poético tan querido de los hebreos: el paralelismo bíblico. Es decir, dos ideas, dos descripciones de imágenes que al ponerse una junto a otra en secuencias rítmicas se iluminan y refuerzan mutuamente con ambos sentidos, semejantes y distintos al mismo tiempo.
Eso es lo que este salmo dice con gran profundidad y gran belleza. Habla primero del sol en el cielo, de su órbita exacta y su calor bienhechor, y luego, en la misma frase, sin dar ninguna explicación ni establecer ninguna transición, se pone a hablar de la santísima voluntad de Dios que se manifiesta en el camino que nos marca y en la vida que nos da con firmeza y ternura. Lo que nos está diciendo tan bellamente es que así como el sol no falla nunca en su tarea de daros luz y vida, así la ley divina y la salvífica voluntad de Dios tampoco nos fallarán nunca en la asistencia que necesitamos para nuestra vida en el Espíritu. La naturaleza es imagen de la gracia. El sol es el recuerdo de la presencia de Dios en su creación. Es un toque discreto y amoroso para enseñarnos y recordarnos que la contemplación de la naturaleza nos ha de llevar a la memoria de Dios, y la observación de la regularidad de sus leyes ha de fortalecer nuestra confianza en el poder y la protección de Dios en toda nuestra vida. La naturaleza se hace libro abierto de oración, y la fidelidad de sus leyes y sus estaciones nos recuerda diario la cariñosa y poderosa providencia de Dios sobre nosotros. El mismo salmo hace esta misma delicada sugerencia con su acostumbrado procedimiento de la comparación y las imágenes:
“Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.
La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel e instruye a los ignorantes.
Los mandamientos del Señor son rectos y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.
El temor del Señor es puro y eternamente estable.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos.”
El precepto del Señor es fiel… como el curso del sol en el cielo. La visita diaria del sol en el horizonte renueva en nuestros corazones la confianza en el Dios que nos lo envía. La imagen del poema religioso aviva nuestra fe. La teología nos visita en poesía.
Otro salmo (88,32) habla de la luna, y la llama, con no menos instinto poético, “fiel testigo en el firmamento”. Esto no quiere decir que la luna nos esté vigilando desde su privilegiado punto de vista en la oscuridad de la noche para poder testificar sobre nuestra conducta buena o mala. La idea del salmo es mucho más profunda y más bella. La luna es fiel testigo de la fidelidad de Dios a sus promesas porque en su trayectoria regular de infalible astronomía nos muestra cómo Dios nunca falla en lo que ha prometido una vez. Dios les prometió a Adán y Eva al comienzo de la creación, y a Noé y su familia después del diluvio, que el sol y la luna seguirían su curso diario sin fallo alguno, que el día seguiría a la noche y la noche al día sin nunca cesar, que las estaciones rotarían en sucesión con toda puntualidad, y que la naturaleza entera cumpliría con su misión de ser habitación para la humanidad y entrada a la eternidad. Dios ha dado su palabra y cumplirá su promesa.
La luna, con todos sus secretos astronómicos y su fascinación poética, ha sido siempre parte esencial de esa trama cósmica, y ella sabe cómo resaltar su testimonio. Su salida y ocaso, sus fases y sus eclipses, su acercarse y alejarse, las mareas que crea y los perfiles que enseña han sido siempre lo que debían ser en cada momento según el almanaque vigente. No ha fallado nunca. Ése es su testimonio. Esa conducta ejemplar le ha ganado el noble título bíblico de “fiel testigo en el firmamento”. Nos lo está diciendo con su propia experiencia: “El Dios que es tan fiel en regir las órbitas de los cuerpos celestes en el cielo no será menos fiel en proteger los caminos de hombres y mujeres sobre la tierra con mayor cuidado y providencia. Que vuestra fe en Dios aumente al verme a mí. Él nunca os fallará.”
El mismo Padre Nuestro nos recuerda a diario nuestra conexión con la naturaleza, y confirma nuestro recuerdo del contacto con cielo y tierra en su más conocida y repetida petición: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.” No se trata de que los humanos cumplamos con la voluntad de Dios como los ángeles en el cielo, sino como el sol y la luna en el firmamento.
Este salmo 18 que tantas cosas nos ha enseñado, acaba con la esperanza de que estas consideraciones, tan poéticas como místicas, le agraden al Señor, y lo llama, una vez más con la metáfora hebraica y ecológica de “mi Roca”.
“Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Roca mía, Redentor mío.”

Salmo 17 - Sinceridad conmigo mismo

Digo a mi Señor:

“Tú eres mi Dios,
        mi felicidad está en ti.
        Los que buscan a otros dioses no hacen más que aumentar sus penas;
        jamás pronunciarán mis labios su nombre.”
Repito esas palabras, te digo a ti y a todo el mundo y a mí mismo que soy de veras feliz en tu servicio, que me dan pena los que siguen a “otros dioses”; los que hacen del dinero o del placer, de la fama o del éxito la meta de sus vidas; los que se afanan sólo por los bienes de este mundo y sólo piensan en disfrutar de gozos terrenos y ganancias perecederas. Yo no he de adorar a sus “dioses”.
Y, sin embargo, en momentos de sinceridad conmigo mismo caigo en la cuenta, con claridad irrefutable, que también yo adoro a esos dioses en secreto y me postro ante sus altares. También yo busco el placer y las alabanzas y el éxito, y aun llego a envidiar a aquellos que disfrutan los “bienes de este mundo” que a mí me prohíben mis convicciones o mis votos.

Sí que renuevo mi entrega a ti, Señor, pero confieso que sigo sintiendo en mi alma y en mi cuerpo la atracción de los placeres de la materia, la fuerza de gravedad de la tierra, la pena escondida de no poder disfrutar de lo que otros disfrutan. Aún tomo parte, al amparo de la oscuridad y el anónimo, en la idolatría de dioses falsos, y ofrezco irresponsablemente sacrificios en sus altares. Aún sigo buscando la felicidad fuera de ti, a pesar de saber perfectamente que sólo se encuentra en ti.
Por eso mis palabras hoy no son jactancia, sino plegaria; no son constancia de victoria, sino petición de ayuda. Hazme encontrar la verdadera felicidad en ti; hazme sentirme satisfecho con mi “heredad”, mi “lote” y mi “suerte”, como me has enseñado a decir.
        “El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
        mi suerte está en su mano;
        me ha tocado un lote hermoso,
        me encanta mi heredad.”
Enséñame a apreciar la propiedad que me has asignado en tu Tierra Santa, a disfrutar de veras con tu herencia, a deleitarme en tu palabra y descansar en tu amor. Y prepárame con eso a hacer mías en fe y en experiencia las palabras esperanzadoras que pones en mis labios al acabar este Salmo:
        “Me enseñarás el sendero de la vida,
        me saciarás de gozo en tu presencia,
        de alegría perpetua a tu derecha.”
Hazlo así, Señor.

SEÑAL DE LA CRUZ

La Señal de la Cruz es un símbolo cristiano que se hace de cierta forma para demostrar la unidad en la fe de la Iglesia. Por eso todos los católicos lo hacemos de la misma forma, con la mano derecha y de izquierda a derecha.
Con la mano derecha se traza la cruz en nuestro cuerpo nombrando a la Santísima Trinidad.
1º: Llevamos nuestra mano derecha hasta la frente y decimos: “En nombre del Padre”
2º: Llevamos nuestra mano derecha hasta nuestro pecho y decimos: “del Hijo”
3º: Llevamos nuestra mano derecha hasta nuestro hombro izquierdo  y decimos: “y del Espíritu”
4º: Llevamos nuestra mano derecha hasta nuestro hombro derecho y decimos: “Santo”
5º: Al terminar decimos: “Amén”. Mientras lo decimos podemos llevar nuestra mano derecha al pecho, o llevarla a la boca y hacer sobre ella una pequeña cruz con el dedo pulgar y el índice.

miércoles, 2 de abril de 2014

JESÚS RESUCITA A LÁZARO




Jesús resucita a Lázaro
Jn 11, 1-45
En aquel tiempo, había un hombre enfermo que se llamaba Lázaro, natural de Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. Esta María, que era hermana de Lázaro, fue la que derramó perfume sobre los pies del Señor y los secó con sus cabellos. Así pues, las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: -Señor, tu amigo querido está enfermo.
Jesús al oírlo dijo: -Esta enfermedad no va a terminar en muerte, sino que ha de servir para mostrar la gloria de Dios, y también la gloria del Hijo de Dios.
Aunque Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro, cuando le dijeron que Lázaro estaba enfermo se quedó dos días más en el lugar donde se encontraba. Después dijo a sus discípulos: -Vamos otra vez a Judea. Los discípulos le dijeron: -Maestro, hace poco los judíos de esa región trataron de matarte a pedradas, ¿y otra vez quieres ir allá?
Jesús les dijo: -¿No es cierto que el día tiene doce horas? Pues si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz que hay en este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque le falta la luz.
Después añadió: -Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo. Los discípulos le dijeron: -Señor, si se ha dormido, es señal que va a sanar.
Pero lo que Jesús les decía es que Lázaro había muerto, mientras que los discípulos pensaban que se habían referido al sueño natural. Entonces Jesús les dijo claramente: -Lázaro ha muerto. Y me alegro de no haber estado allí, porque así es mejor para ustedes, para que crean. Pero vamos a verlo.
Entonces Tomás, al que llamaban el Gemelo, dijo a los otros discípulos: -Vamos también nosotros, para morir con él.
Al llegar, Jesús se encontró con que ya hacía cuatro días que Lázaro había sido sepultado. Betania se hallaba cerca de Jerusalén, a unos tres kilómetros; y muchos de los judíos habían ido a visitar a Marta y a María, para consolarlas por la muerte de su hermano. Cuando Marta supo que Jesús estaba llegando, salió a recibirlo; pero María se quedó en la casa. Marta le dijo a Jesús: -Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas.
Jesús le contestó: -Tu hermano volverá a vivir. Marta le dijo: -Sí, ya sé que volverá a vivir cuando los muertos resuciten, en el día último.
Jesús le dijo entonces: -Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que todavía está vivo y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?
Ella le dijo: -Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Después de decir esto, Marta fue a llamar a su hermana María, y le dijo en secreto: -El Maestro está aquí y te llama. Tan pronto como lo oyó, María se levantó y fue a ver a Jesús. Jesús no había entrado todavía en el pueblo; estaba en el lugar donde Marta se había encontrado con él. Al ver que María se levantaba y salía rápidamente, los judíos que estaban con ella en la casa, consolándola, la siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar.
Cuando María llegó a donde estaba Jesús, se puso de rodillas a sus pies diciendo: -Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Jesús al ver llorar a María y a los judíos que habían llegado con ella, se conmovió profundamente y se estremeció, y les preguntó: -¿Dónde lo sepultaron?
Le dijeron: -Ven a verlo, Señor. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron entonces: -¡Miren cuánto lo quería! Pero algunos de ellos decían: -Éste, que dio vista al ciego, ¿no podría haber hecho algo para que Lázaro no muriera?
Jesús, otra vez muy conmovido, se acercó a la tumba. Era una cueva, cuya entrada estaba tapada con una piedra. Jesús dijo –Quiten la piedra.
Marta, la hermana del muerto, le dijo: -Señor, ya huele mal, porque hace cuatro días que murió. Jesús le contestó: -¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios?
Quitaron la piedra, y Jesús, mirando al cielo, dijo: -Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas, pero lo digo por el bien de esta gente que está aquí, para que crean que tú me has enviado.
Después de decir esto, gritó: -¡Lázaro, sal de ahí!
Y el que había estado muerto salió con las manos y los pies atados con vendas y la cara envuelta en un lienzo. Jesús les dijo: -Desátenlo y déjenlo ir.
Por esto creyeron en Jesús muchos de los judíos que habían ido a acompañar a María y que vieron lo que él había hecho.

VOLVER A JESUCRISTO. RECUPERAR LA FRESCURA ORIGINAL DEL EVANGELIO

24/03/2014 - VOLVER A JESUCRISTO. RECUPERAR LA FRESCURA ORIGINAL DEL EVANGELIO Conferencias de José Antonio Pagola Video VOLVER A J...