miércoles, 17 de septiembre de 2014

Salmo 25 - El salmo del inocente.

Salmo 25 - El salmo del inocente.
Yo no me hubiera atrevido a rezar este salmo, Señor, pero te agradezco que tú me lo ofrezcas y me invites a que lo haga mío. Es un salmo de inocencia y sinceridad, la oración de un hombre justo y de un alma inocente. Ése no soy yo exactamente. Yo conozco mis fallos y lamento mis defectos: a veces hiero a la gente, busco la alabanza, quiero el placer, no soy fiel a mí mismo. Hay momentos oscuros en mi vida, y rincones ocultos en mi conciencia. No soy puro e inocente. No puedo aparecer ante ti como santo y perfecto.
Y sin embargo eso es lo que me estás invitando a hacer en este salmo, y yo me alegro secretamente de ello, casi en contra de mí mismo, cuando escucho tu invitación y me dispongo a responder. Sé que he hecho cosas mal, pero en el fondo yo deseo la verdad y quiero el bien de todos. Nunca he actuado por malicia, no ataco a nadie, no quiero desobedecer. Es verdad que soy débil, pero no soy malo. Me gusta la bondad y estimo la honradez. Querría que todos fuesen felices y el mundo estuviese en paz. Siento esa bondad como lo más interior en mí mismo, y así acepto tu invitación a rezar la oración del justo.
He vivido una vida sin reproche, y he confiado siempre en ti, Señor. Pruébame y escudriña mi corazón. Siempre tengo tu amor en él con tus mandamientos y tu verdad. Me lavo las manos en inocencia para entrar en procesión ante su altar, Señor. Bendíceme, Señor, y muéstrame tu favor.
Eso es lo que yo soy y quiero ser. Me siento feliz de aparecer ante tu presencia. Me gozo en la confianza que me has infundido, en el poder mirarte al rostro y hablar en libertad. Sí, yo soy tu hijo, y a pedirte tu bendición estoy pidiendo justicia. Tú me has dado el derecho de hablar así, y yo lo ejerzo ahora con sencillez. Te pido tu bendición y mi herencia. Te pido paz y alegría. Quiero verme y sentirme como un hijo fiel ante ti y como un hermano para todos. Esto es lo que, con el salmo, llamo justicia, y esto es lo que espero de ti.
Hazme justicia, Señor, porque he vivido una vida sin reproche.

Psalm 25 – “The psalm of the innocent.”

I would not have dared to pray this psalm, Lord, but I am grateful you offer it to me and invite me to make it my own. A psalm of innocence and sincerity; the prayer of an upright man and a blameless soul. This is not exactly me. I know my failings and regret my shortcomings: I hurt people, I court praise, I seek pleasure, I am not true to myself. There are black moments in my life and dark corners in my conscience. I am not innocent and pure. I cannot stand before you and claim righteousness.
And yet that is what you are inviting me to do, and I secretly rejoice, almost against myself, when I hear your invitation and get ready to answer it. I know I have done wrong things, but in my heart of hearts I worship truth and I wish all men well. I do not act out of malice, I do not wish to hurt, I do not mean to disobey. I am weak, yes, but not wicked. I love goodness and cherish honesty. I would like all to be happy and the whole world at peace. There is goodness in me, and that is the deepest layer of my being. I want to feel good, and so I welcome your invitation to say the prayer of the just man.
I have lived my life without reproach, and have put unfaltering trust in you, Lord. Test me, O Lord, and try me: put my heart and mind to the proof. For your constant love is before my eyes, and I live in your truth. I wash my hands in innocence to join in procession round your altar, O Lord. I live my life without reproach; redeem me, O Lord, and show me your favour.
This is me at my best. And I feel happy to appear before you, Lord, for once in that light. To stand up with the confidence you have won for me, to lift up my face, to smile in innocence and to speak in freedom. Yes, I am your son, and in asking your blessings I am asking for justice. You have given me the right to speak so, and I claim it with simplicity. I ask for justice. I am asking for your blessing and my inheritance. I am asking for peace and for joy. I want to feel that I am a faithful son to you and a good person to all. This I call justice, and this is what I expect from you.
Give me justice, O Lord, for I have lived my life without reproach.

Meditation

- How did your pilgrimage go, my dear disciple?
- It went all very well, respected master.
- Why do you say that it went very well?
- Because I saw the greatest Buddha statue in the whole world.
- Then you must be very strong.
- Why do you say that, my master?
- Because I see you are still bearing it on your shoulders.
- How did your pilgrimage go, my dear disciple?
- It went all very well, respected master.
- Why do you say that it went very well?
- Because I saw the greatest Buddha statue in the whole world.
- Then you must be very strong.
- Why do you say that, my master?
- Because I see you are still bearing it on your shoulders.


Meditación

- ¿Cómo te fue en la peregrinación, querido discípulo?
- Me fue muy bien, respetado maestro.
- ¿Por qué dices que te fue muy bien?
- Porque vi la estatua de Buda mayor del mundo.
- Pues debes tener mucha fuerza.
- ¿Por qué decís eso, maestro?
- Porque veo que todavía la llevas sobre los hombros.

LES CUENTO. P. Carlos Valles sj

Esta es quizá la anécdota más extraña de mi vida, y la recuerdo ahora después de varios años. Sucedió cuando yo volví de la India para cuidar de mi madre que vivía sola, acababa de cumplir los 90, y me llamó para que la acompañase en los últimos años de su vida. El cuarto mandamiento mantiene su validez en cualquier circunstancia, y con todos los permisos y bendiciones de los superiores yo encontré un sustituto para dar mis clases de matemáticas en la universidad de Ahmedabad (India), y literalmente volé al lado de mi madre.
Los domingos por la mañana mi madre y yo solíamos ir con algunos amigos a tomar un café y charlar juntos un rato. Uno de esos días, mientras charlábamos animadamente en un café cercano, yo sentí sin más que tenía que volver a casa, y así lo dije. Todos me miraron como si estuviese chiflado, que desde luego me lo parecía hasta a mí mismo, pero aun así me levanté y volví a casa. La puerta de abajo y la de nuestro piso estaban perfectamente cerradas con llave. Abrí, entré, llegué al dormitorio, y allí lo vi. La puerta del balcón estaba abierta, y había un hombre joven agachado y arrastrándose por debajo de la persiana con un cuchillo en la mano. Yo anduve en silencio hasta que mis zapatos le quedaron bajo sus ojos. Él miró hacia arriba, me vio, se levantó y quedó en silencio de pie en el balcón enfrente de mí con la verja entremedio. Yo le dije sin más: “Vuélvete por donde has venido.” Y aquí empezó la comedia. Él comenzó a rogarme: “Por favor, no me haga bajar por ese maldito árbol, que bastante me ha costado subir. Déjeme entrar y marcharme tranquilamente por la puerta.” Le dije: “Dame el cuchillo.” Me lo dio. Era un cuchillo de cocina ordinario, nada de un arma profesional. Él entró, quedó de pie a mi lado, y yo le puse la mano en el hombro. Él se echó a llorar. Cuando se calmó me dijo secándose las lágrimas: “Ya lo habrá adivinado. La droga. Tengo ‘el mono’ como decimos nosotros. El síndrome de abstención. No puedo pasarme sin ellas. Soy de buena familia, una de las casas allí enfrente, pero en casa no saben nada. No tengo dinero. Sé dónde se vende droga. Venía a encontrar algún dinero aquí para una dosis. Por favor, déjeme marchar.” Yo lo acompañé hasta la calle, y le dije al despedirme: “Cuéntales todo a tus padres.”
Me queda la pregunta. ¿Por qué sentí yo de repente que tenía que volver a casa? Tengo una relación muy íntima con mi Ángel de la Guarda, y él tiene sus maneras de hacerme sentir lo que conviene. Se está sonriendo ahora. Él lo sabe.

LA CREACIÓN

La Creación (Génesis 1, 1-31)

En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre el agua.
Entonces Dios dijo: “¡Que haya luz!” Y hubo luz. Al ver Dios que la luz era buena, la separó de la oscuridad y la llamó “día”, y a la oscuridad la llamó “noche”. De este modo se completó el primer día.
Después Dios dijo: “Que haya una bóveda que separe las aguas, para que estas queden separadas.” Y así fue. Dios hizo una bóveda que separó las aguas: una parte de ellas quedó debajo de la bóveda, y otra parte quedó arriba. A la bóveda la llamó “cielo”. De este modo se completó el segundo día.
Entonces Dios dijo: “Que el agua que está debajo del cielo se junte en un solo lugar, para que aparezca lo seco.” Y así fue. A la parte seca Dios la llamó “tierra”, y al agua que se había juntado la llamó “mar”.
Al ver Dios que todo estaba bien, dijo: “Que produzca la tierra toda clase de plantas: hierbas que den semilla y árboles que den fruto.” Y así fue. La tierra produjo toda clase de plantas: hierbas que dan semillas y árboles que dan fruto. Y Dios vio que todo estaba bien. De este modo se completó el tercer día.
Entonces Dios dijo: “Que haya luces en la bóveda celeste, que alumbren la tierra y separen el día de la noche, y que sirvan también para señalar los días, los años y las fechas especiales.” Y así fue. Dios hizo las dos luces: la grande para alumbrar de día y la pequeña para alumbrar la noche. También hizo las estrellas. Dios puso las luces en la bóveda celeste para alumbrar la tierra de día y de noche, y para separar la luz de la oscuridad, y vio que todo estaba bien. De este modo se completó el cuarto día.
Luego Dios dijo: “Que produzca el agua toda clase de animales, y que haya también aves que vuelen sobre la tierra.” Y así fue. Dios creó los grandes monstruos del mar, y todos los animales que el agua produce y que viven en ella, y todas las aves.
Al ver Dios que estaba bien, bendijo con estas palabras a los animales que había hecho: “Que tengan muchas crías y llenen los mares, y que haya muchas aves en el mundo.” De este modo se completó el quinto día.
Entonces Dios dijo: “Que produzca la tierra toda clase de animales: domésticos y salvajes, y los que se arrastran por el suelo.” Y así fue. Dios hizo estos animales y vio que todo estaba bien.
Entonces dijo: “Ahora hagamos al hombre a nuestra imagen. Él tendrá poder sobre los peces, las aves, los animales domésticos y los salvajes, y sobre los que se arrastran por el suelo.”
Cuando Dios creó al hombre, lo creó a su imagen; varón y mujer los creó, y les dio su bendición: “Tengan muchos, muchos hijos; llenen el mundo y gobiérnenlo; dominen los peces y las aves, y a todos los animales que se arrastran.”
Después les dijo: “Miren, a ustedes les doy todas las plantas de la tierra que producen semilla, y todos los árboles que dan fruto. Todo eso les servirá de alimento. Pero a los animales salvajes, a los que se arrastran por el suelo y a las aves, les doy la hierba como alimento.” Así fue, y Dios vio que todo lo que había hecho estaba muy bien. De este modo se completó el sexto día.

(Texto tomado de “La Biblia. Palabra de Dios”. Editorial Paulinas Argentina)

NUESTRA SEÑORA DEL MILAGRO DE SALTA



Ciudad de Salta, Argentina. 1692. Según la tradición, la imagen de la “Virgen de la Pura y Limpia Concepción” ya estaba en Salta hace mucho tiempo y pertenecía a una familia del lugar. Dicha familia celebraba la fiesta de la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre) llevando la imagen a la Iglesia Matriz (hoy Catedral Basílica de Salta). Providencialmente, ese año de 1692, la imagen quedó en el Templo unos días más.
La imagen estaba allí cuando comenzaron los terribles terremotos del 13 de septiembre de 1692 en la zona de Salta. La Ciudad de Esteco, que era centro geográfico y comercial de la región, se hundió quedando totalmente arruinada. La gente de Salta, desolada, se dirigió a la plaza y algunos entraron en la Iglesia Matriz para sacar el Santísimo Sacramento. Se hizo luego una procesión con Jesús Sacramentado alrededor de la plaza. Quienes habían entrado a la Iglesia pudieron observar la imagen de la Virgencita, que por los movimientos de los terremotos, se había caído de su hornacina, pero estaba intacta y había quedado como en actitud suplicante.

Al acercarse a la imagen contemplaron con asombro que el rostro de la Virgen cambiaba de colores, del pálido de la aflicción, al tono más sereno de su gozoso consuelo y de su afán de amparo e intercesión. Entonces instalaron la Imagen de la Virgen en el Atrio.
Por inspiración de un sacerdote Jesuita, el pueblo sacó de la Iglesia una imagen del Santo Cristo Crucificado, que había estado abandonada, para hacer con ella una procesión por la plaza. Las campanas llamaron a la penitencia, invitando a la primera procesión a la que acudieron las autoridades civiles y militares junto a los pobladores, presididos por los sacerdotes. Una multitud lloraba afligida, golpeándose el pecho, clamando misericordia. Los temblores cesaron.
Así nació el famoso milagro del Señor y la Virgen de Salta. En 1902, a pedido del Obispo de Salta Monseñor Matías Linares, el Papa León XIII concedió la Coronación Pontificia .

VOLVER A JESUCRISTO. RECUPERAR LA FRESCURA ORIGINAL DEL EVANGELIO

24/03/2014 - VOLVER A JESUCRISTO. RECUPERAR LA FRESCURA ORIGINAL DEL EVANGELIO Conferencias de José Antonio Pagola Video VOLVER A J...