miércoles, 6 de mayo de 2015

La Paradoja de la abundancia... Papa Francisco

Los rostros de los hombres y las mujeres con hambre deben ser los protagonistas

El Papa Francisco volvió a denunciar «la paradoja de la abundancia» y la «cultura del desperdicio», invocando «un cambio de mentalidad» para realizar «un modelo de desarrollo justo y sostenible».

Al dirigirse en videoconferencia a los participantes en la ceremonia inaugural de la Exposición universal de Milán, poco después de las 12.30 del viernes 1 de mayo, el Pontífice habló de la exposición como de «una ocasión propicia para globalizar la solidaridad», e invitó a acompañar la reflexión sobre el tema «Nutrir el planeta, energía para la vida» con la «consciencia de los rostros de millones de personas que hoy tienen hambre, que hoy no comerán en un modo digno del un ser humano». Una «presencia oculta –reconoció el Papa Francisco– pero que en realidad tiene que ser la verdadera protagonista del evento».
Al respecto el Papa invitó a redescubrir la conciencia de que «nuestras acciones diarias, en cualquier grado de responsabilidad», tienen siempre «un impacto en la vida de quien, cercano o lejano, padece hambre». También la Expo, por tanto, está destinada a alimentar «la paradoja de la abundancia» si pierde de vista esta realidad y obedece a la lógica de la cultura del desperdicio.
De aquí la invitación a todos los agentes e investigadores que trabajan en el sector alimentario: ellos, destacó, tienen necesidad de «sabiduría y valentía» para corresponder a la «gran responsabilidad» que se les confió. «Mi deseo es –dijo el Papa Francisco– que esta experiencia permita a los empresarios, a los comerciantes, a los estudiosos, sentirse implicados en un gran proyecto de solidaridad: nutrir el planeta respetando a todo hombre y mujer que lo habita y respetando el ambiente natural». Se trata, añadió, de «un gran desafío al que Dios llama a la humanidad del siglo veintiuno: dejar finalmente de abusar del jardín que Dios nos confió, para que todos puedan comer de los frutos de este jardín». Un proyecto que «da plena dignidad al trabajo de quien produce e investiga en el campo alimentario» evidenció, concluyendo el discurso con el llamamiento a que nunca falte «el pan y la dignidad a todo hombre y mujer».
Mientras tanto la primera jornada de la Expo de Milán, en la que participaron cerca de doscientos mil visitantes, entre ellos numerosas personalidades del mundo político, económico y cultural, fue perturbada por las violencias vandálicas durante la procesión de los así llamados antagonistas. Violencias que no lograron, sin embargo, ofuscar el alcance del acontecimiento.

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