miércoles, 30 de marzo de 2016

Meditación

El hombre era muy religioso, y todos los días iba al templo a pedirle a Dios una gracia concreta que le interesaba mucho. Pero Dios nunca le concedía esa gracia. Por fin un día el Ángel del Señor se le apareció y le dijo: “Vengo de parte de Dios a decirte que ha decidido no darte esa gracia. Nunca te la dará.”
El hombre salió del templo, fue a la plaza del pueblo y comenzó a llamar a todo el mundo:
- ¡Venid, venid! ¡Venid todos y alegraos conmigo”
- ¿Y por qué hemos de alegrarnos contigo?
- Porque hacía mucho tiempo que yo le estaba pidiendo al Señor que me concediera una gracia…
- ¡Y te la ha concedido!
- No, no. Al contrario, me ha hecho saber que nunca me la concederá.
- ¿Y de eso te alegras?
- ¡Claro que sí! No me ha concedido la gracia, ¡pero me ha dado acuse de recibo!

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