miércoles, 30 de marzo de 2016

Siempre hay algo más..

Este es un pequeño cuento para alegraros el día.
La estrella escondida
Las estrellas estaban celebrando su asamblea, y cada una de ellas iba proclamando sus propios méritos en los cielos, cómo adornaban el firmamento, cómo los alegraban a los hombres y cómo les ayudaban a vivir mejor. La Estrella Polar contaba cómo ayudaba a los hombres a fijar el norte en sus mapas y en sus viajes, el sol describía la luz, el calor, la vida que él les daba a los hombres y las mujeres en la tierra; una pequeña estrella poco conocida reveló cómo había sido ella la que confirmó la teoría de Einstein cuando acertó a pasar detrás del sol durante un eclipse, y así ayudó a la ciencia en su día, y otras mencionaron los nombres que habían hecho famosos y los descubrimientos a los que habían ayudado. Cada una tenía algo que decir, y todas rivalizaban en gloria y esplendor.
Sólo había una pequeña estrella, muy lejos entre nubes oscuras, que seguía callada en la asamblea celeste. No se le ocurría nada que contar. Cuando le llegó el turno y tenía que decir algo, confesó que ella no había hecho nada por el mundo o por el género humano, y que los hombres no sabían nada de ella porque todavía no la habían descubierto.
Las otras estrellas se rieron y la llamaron perezosa e inútil, indigna de ocupar un puesto en los cielos. Las estrellas estaban para alegrar a la creación, y ¿para qué servía una estrella de la que ni siquiera se sabía su existencia?
La pequeña estrella escuchó pacientemente todos los reproches que se le hacían, y al final dijo humildemente: “¿Quién sabe? Quizá también yo estoy contribuyendo algo a mi manera para el progreso de los hombres y mujeres en la tierra. Es verdad que no me conocen, pero no son tontos, y sus propios cálculos les muestran que para explicar el curso de otras estrellas y planetas que conocen tiene que haber todavía otra estrella que con su propia atracción puede explicar las desviaciones en los cursos de otras estrellas. Así es como siguen estudiando, observando y buscando, y la ciencia avanza y el género humano se beneficia de ello.
Las demás estrellas se habían quedado calladas mientras ella hablaba, y con eso se animó y al final añadió algo que les hizo pensar a todas: “Yo no quiero ponerme delante de nadie, y todas vosotras estáis llenas de méritos por lo que habéis hecho por los hombres y mujeres de la tierra; pero también creo que yo les estoy haciendo un buen servicio, y es que sepan que aún les quedan otras estrellas por descubrir.”
Lindo mensaje. Aún nos quedan estrellas por descubrir. Aún quedan cielos por explorar y aventuras por correr y pensamientos por pensar y experiencias por experimentar. Que nadie piense que ha llegado ya al límite, que lo sabe todo, que tiene ya el mapa completo. En nuestro mapa espiritual queda siempre una terra incognita como en los mapas de la edad media, llena de dragones y sirenas, que le da interés a la vida manteniendo abierto el cosmos. Nos recuerda que siempre nos quedan estrellas por descubrir.
Cuando yo enseñaba geometría en la universidad un alumno muy interesado me preguntó una vez: “¿Cuántos teoremas hay en geometría?” Yo me eché a reír en medio de la clase. El muchacho creía, como muchos lo creen con él, que la geometría era un campo limitado, un programa fijo, una ciencia completa, y que los teoremas se podían contar como los árboles en un bosque. Tantos y no más. El buen chico quería medir cuánta geometría había aprendido ya y cuánta le quedaba por aprender, y no preguntaba con respecto al examen sino por toda la ciencia de la geometría en su universalidad. “¿Cuántos teoremas hay en geometría?” Podemos contar los teoremas que aparecen en los “Elementos” de Euclides, pero la geometría ha viajado mucho desde entonces y seguirá viajando con nuevos resultados y con teoremas insospechados. Siempre quedan estrellas por descubrir. En esto está la belleza, el encanto, el atractivo del conocimiento que no tiene fin.

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